Intimidad sexual tras el duelo perinatal
El retorno al contacto físico tras pérdidas gestacionales o neonatales previas
Afrontar directamente una interrupción abrupta e inesperada del desarrollo fetal inicial o experimentar el trágico fallecimiento de un infante en etapas tempranas constituye, sin ninguna duda, una de las crisis vitales existenciales más demoledoras que puede atravesar cualquier núcleo afectivo moderno.
Este luto particular, caracterizado muy frecuentemente por un doloroso silencio social externo y por la absoluta incomprensión de las amistades periféricas, impacta de manera totalmente frontal y agresiva en la estructuración de la identidad erótica compartida.
El organismo femenino, que previamente se había preparado biológicamente con gran esfuerzo metabólico para albergar y nutrir satisfactoriamente una nueva vida, se transforma repentinamente en el mudo escenario físico de una decepción fisiológica sumamente abrumadora.
Este quiebre vital instaura un severo estado de profundo congelamiento emocional interno, donde la libido queda suprimida por completo debido a la incesante secreción sistémica de hormonas vinculadas directamente al estrés crónico.
Cuando finalmente se contempla la remota posibilidad de intentar reanudar la inactiva vida íntima, aflora invariablemente un complejo laberinto psicológico lleno de emociones totalmente contradictorias.
Resulta profundamente habitual para la mujer experimentar episodios incontrolables de culpa paralizante al llegar a percibir el mínimo atisbo de natural placer físico, interpretándolo equivocadamente en su mente como una imperdonable falta de respeto hacia la sagrada memoria de la triste pérdida sufrida.
Adicionalmente a esto, el mero roce táctil con todas las zonas anatómicas pélvicas y mamarias involucradas en el evento doloroso original posee gran capacidad para detonar crisis inmediatas de llanto incontrolable y generar una introversión anímica severa.
Manejo de la disociación entre el sexo por placer y el sexo reproductivo ante el miedo a una nueva pérdida
Cuando la maltrecha estructura vincular decide conjuntamente y con valentía intentar lograr una nueva concepción tras el reciente impacto de la adversidad clínica, la innegable dimensión erótica de la pareja sufre una inevitable y pesada mutación conceptual.
La intimidad pierde trágicamente toda su connotación original de lúdico refugio romántico para terminar convirtiéndose, de manera inconsciente, en un simple e inflexible instrumento logístico orientado matemáticamente a subsanar el enorme vacío dejado por la trágica experiencia.
Esta fría instrumentalización despoja instantáneamente a todos los actos carnales de su valiosa y necesaria riqueza sensorial previa, instaurando dinámicas diarias marcadas fuertemente por la inmensa ansiedad del rendimiento biológico y por el pánico siempre latente a llegar a repetir nuevamente el doloroso ciclo de frustración.
El enorme y lógico miedo a volver a fallar actúa orgánicamente como un implacable agente bloqueador de toda la deseada respuesta orgásmica femenina y masculina, generando una severa disociación mental donde la persona afectada decide participar físicamente en el encuentro íntimo, pero logrando permanecer psicológicamente ausente y desconectada del momento presente.
La moderna terapia de paulatina reestructuración afectiva insiste vehementemente en la urgente necesidad terapéutica de separar los obligatorios objetivos reproductivos del disfrute sensual humano más puro.
Este difícil proceso psicológico demanda lograr establecer lapsos temporales estrictos donde la ún
intimidad sexual tras el duelo perinatal