Pautas de escucha empática, validación del relato y contención emocional
Actitud del adulto y escucha activa sin juzgar
La recepción de un testimonio de violencia sexual infantil exige una postura de calma absoluta y serenidad por parte del profesional o cuidador.
Es fundamental controlar las reacciones de alarma, impacto, llanto o sobreactuación, ya que cualquier demostración de angustia o conmoción excesiva puede provocar que la niña o el niño se retraiga, sienta culpa o tema haber causado un problema mayor.
La escucha debe ser activa, respetuosa e ininterrumpida, permitiendo que el menor exprese lo sucedido de manera espontánea sin presionarle para obtener detalles innecesarios.
Resulta imprescindible ubicarse a la misma altura física, resguardar la privacidad del espacio y sostener una presencia receptiva que transmita seguridad.
Además, es prioritario evitar cuestionamientos o preguntas inquisitivas que pongan en duda la veracidad de sus palabras o insinúen alguna responsabilidad.
El adulto debe concentrarse en acoger la revelación con neutralidad afectiva serena, garantizando un entorno seguro donde la víctima perciba que su voz es escuchada con absoluta seriedad y sin juicios morales ni interrupciones.
Validación del relato y gestión del lenguaje verbal y no verbal
Validar el relato implica creer explícitamente en la palabra del menor y transmitirle con claridad que no posee culpa alguna por los hechos vividos.
Es esencial reafirmar que la responsabilidad recae de forma exclusiva en la persona agresora.
Durante el proceso, el lenguaje verbal debe ser sencillo, claro y directo, evitando expresiones complejas, eufemismos o promesas falsas que no se puedan cumplir, las cuales podrían generar falsas expectativas o desconfianza.
Respecto al registro de la información, se recomienda anotar textualmente las palabras del niño o niña, respetando sus propios términos y modismos, sin alterar su discurso ni inducir respuestas.
En el plano no verbal, es crucial mantener un contacto visual cálido pero no intimidante, una postura corporal relajada y gestos de asentimiento que reflejen empatía y contención.
La concordancia entre el mensaje hablado y el lenguaje corporal reafirma la protección, demostrando al menor que ha actuado de manera correcta y valiente al romper el silencio frente a la violencia.
Contención emocional y protección contra la revictimización
La contención emocional se enfoca en acoger y normalizar los sentimientos de temor, vergüenza, confusión o rabia manifestados por el menor.
Es vital asegurarle que se tomarán las medidas necesarias para garantizar su protección, acompañándole en todo momento sin sobreprotegerle ni tratarle de forma estigmatizante.
Para evitar la revictimización, el adulto no debe solicitar reiteraciones del relato ni someter al estudiante a interrogatorios o confrontaciones con la persona agresora.
La información recabada debe manejarse con estricta confidencialidad y reserva dentro de la escuela, derivando el caso de inmediato a las autoridades o servicios especializados a travé
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