Prevención de recaídas y futuro
La aceptación de la recaída como parte del proceso de aprendizaje
Al finalizar la terapia, es fundamental ajustar las expectativas sobre el futuro. No se promete un estado de "iluminación" permanente donde el cliente nunca más volverá a fusionarse con sus pensamientos o a evitar sus emociones.
De hecho, se garantiza lo contrario: volverás a caer. Volverás a perderte en tu mente, volverás a gritar cuando quieras callar, volverás a quedarte en el sofá cuando querías salir.
Somos seres de hábitos y la mente primitiva es persistente. El objetivo no es la perfección, sino la capacidad de recuperación. La metáfora que se utiliza es la de "dormirse y despertarse".
En la vida, inevitablemente nos "dormimos" al volante (perdemos la consciencia, entramos en piloto automático, nos fusionamos).
El éxito no consiste en no dormirse nunca, sino en la velocidad y la amabilidad con la que nos "despertamos" y corregimos el rumbo.
Antes de la terapia, quizás pasabas meses "dormido" en patrones destructivos. Ahora, el objetivo es que te des cuenta en horas o días.
Se entrena al cliente para que, cuando note que ha recaído en viejos hábitos, no lo use como una excusa para fustigarse ("soy un desastre, la terapia no sirvió"), sino como una señal para aplicar las herramientas aprendidas: "Ah, me he enganchado otra vez.
Vale, noto el juicio, tiro el ancla, recuerdo mis valores y vuelvo al camino". La recaída no es el fin del camino, es parte del camino.
Construcción de patrones conductuales a largo plazo
El mantenimiento de los logros terapéuticos depende de la construcción de patrones de acción sostenibles.
La flexibilidad psicológica es como la forma física: no se tiene, se mantiene. No puedes ir al gimnasio tres meses y esperar estar en forma el resto de tu vida sin volver a entrenar.
Del mismo modo, las habilidades de ACT (defusión, aceptación, presencia) deben practicarse continuamente.
El cliente sale de la terapia con un plan de "higiene psicológica" que incluye prácticas formales (como breves momentos de mindfulness) e informales (preguntarse regularmente "¿hacia dónde me estoy moviendo?"). Se enfatiza la importancia de los "hábitos de valores".
En lugar de depender de grandes gestos heroicos, se busca integrar pequeñas acciones valiosas en la rutina diaria.
Si el valor es la creatividad, quizás no se trata de pintar un cuadro al mes, sino de dedicar 10 minutos diarios a dibujar en un cuaderno.
Estos micro-compromisos son los que construyen una nueva identidad a lo largo del tiempo.
Además, se prepara al cliente para los momentos de crisis futura, recordándole que cuando la vida golpee fuerte (que lo hará), tendrá herramientas para no ser arrastrado por la tormenta.
No se trata de evitar las olas, sino de saber q
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