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Metáforas de trascendencia

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Metáforas de trascendencia


La metáfora del tablero de ajedrez y la batalla mental

Una de las metáforas más potentes para experienciar el Yo como Contexto es la del tablero de ajedrez infinito.

Imaginemos que nuestros pensamientos, emociones y recuerdos son las piezas del juego.

Las piezas blancas representan nuestros pensamientos "buenos": confianza, alegría, recuerdos felices.

Las piezas negras representan nuestros pensamientos "malos": miedo, dudas, traumas. Estas piezas están en una guerra constante, intentando eliminarse unas a otras.

Pasamos la vida intentando que ganen las blancas, moviendo fichas frenéticamente para expulsar a las negras.

La pregunta clave es: ¿Quién eres tú en esta metáfora? La respuesta habitual es "soy las blancas", pero eso es un error, porque implica que estás en guerra con una parte de ti mismo. Desde la perspectiva de ACT, tú no eres las piezas; tú eres el tablero.

El tablero está en contacto íntimo con todas las piezas, las sostiene a todas, pero no participa en la batalla.

Si una pieza negra cae sobre el tablero, el tablero no se vuelve negro ni se rompe. El tablero es el espacio necesario para que el juego exista.

Al adoptar la identidad del tablero, dejamos de intentar ganar la guerra contra nuestros pensamientos negativos. Entendemos que nuestra función es contener la experiencia, no luchar contra ella.

El tablero puede ir a cualquier parte llevando todas las piezas encima, mientras que si nos identificamos con un bando, nos quedamos paralizados en la lucha.

La metáfora del cielo y el clima: la constancia frente a lo transitorio

Otra imagen evocadora para comprender la naturaleza del observador es la comparación con el cielo y el clima.

Nuestros pensamientos y emociones son el clima: tormentas violentas de ira, nubes grises de depresión, vientos huracanados de ansiedad, o días soleados de calma.

El clima es, por definición, cambiante y transitorio; ninguna tormenta dura eternamente. Nosotros, el Yo Observador, somos el cielo.El cielo tiene una capacidad infinita para contener cualquier tipo de clima.

Cuando hay una tormenta eléctrica masiva, el cielo no se daña, no se quema por los rayos ni se moja por la lluvia. Simplemente proporciona el espacio para que la tormenta ocurra.

Y lo más importante: el cielo siempre está ahí, incluso cuando está totalmente cubierto por nubes negras y no podemos verlo.

A veces, en medio de una crisis emocional (nubes densas), olvidamos que somos el cielo azul y creemos que somos la tormenta.

El trabajo terapéutico consiste en "subir por encima de las nubes" para reconectar con esa inmensidad tranquila que siempre ha estado y siempre


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