La trampa de la felicidad
Desmontando el mito de la felicidad perpetua como estado natural
Uno de los conceptos de cierre más importantes en este enfoque terapéutico es la deconstrucción de lo que denominamos la "Trampa de la Felicidad".
Vivimos inmersos en una narrativa cultural que nos asegura que el estado natural y saludable del ser humano es sentirse feliz, contento y libre de preocupaciones la mayor parte del tiempo.
Nos bombardean con mensajes que sugieren que si no estamos sonriendo o sintiéndonos bien, algo está fundamentalmente mal en nosotros o en nuestra vida. Esta expectativa es biológica y evolutivamente falsa.
Nuestra mente no evolucionó para mantenernos en un estado de dicha constante, sino para asegurar nuestra supervivencia en entornos hostiles, lo que implica una predisposición natural hacia la alerta, la comparación y la insatisfacción.
Creer en el mito de que "deberíamos ser felices siempre" crea una trampa psicológica devastadora.
Cuando inevitablemente experimentamos dolor, tristeza o ansiedad (emociones humanas normales), no solo sufrimos por la emoción en sí, sino que añadimos una capa extra de sufrimiento al juzgarnos por no ser felices. Nos sentimos defectuosos por sentir lo que es natural sentir.
La terapia concluye ayudando al cliente a redefinir la salud mental no como la ausencia de malestar, sino como la capacidad de experimentar el espectro completo de las emociones humanas.
Se normaliza que la vida incluye dolor, y que tener una mente que a veces produce pensamientos negativos no es un signo de enfermedad, sino de funcionamiento normal.
Al abandonar la lucha por un estado emocional idealizado e inalcanzable, nos liberamos de la presión constante de tener que "arreglarnos" para ser felices.
La felicidad como subproducto de una vida significativa
ACT propone un cambio radical en la búsqueda de la felicidad: dejar de perseguirla directamente.
Cuando convertimos la felicidad (entendida como una emoción placentera) en nuestro objetivo principal, paradójicamente la alejamos.
Es como intentar atrapar una mariposa; cuanto más corres detrás de ella, más se escapa.
Sin embargo, si te centras en cuidar tu jardín (tus valores, tus acciones), es probable que la mariposa venga a posarse en tu hombro.
La felicidad, desde esta perspectiva, no es un destino al que se llega, sino un efecto secundario o subproducto de vivir una vida coherente con nuestros valores.El enfoque se desplaza desde "sentirse bien" hacia "vivir bien".
Si una persona se dedica a construir relaciones profundas, a contribuir a su comunidad o a desarrollar sus talentos (aunque esto implique esfuerzo y estrés momentáneo), experimentará una forma de bienestar más profunda y duradera: la vitalidad y el sentido de propósito.
Esta satisfacción eudaimónica es resistente a los altibajos emocionales del día a día.
El mensaje de cierre para el cliente es que deje de monitorear su "termó
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