Ejercicios de trascendencia
Prácticas de notar al que nota: el giro de la consciencia
El acceso al Yo como Contexto no es intelectual, sino experiencial; no se puede "entender" completamente solo con la lógica, hay que "sentirlo". Para ello, utilizamos ejercicios de consciencia recursiva.
Un ejercicio básico consiste en pedir a la persona que observe un objeto en la habitación, luego que cierre los ojos y observe sus pensamientos, y finalmente, que trate de observar quién es el que está observando.
Es como intentar que una linterna se ilumine a sí misma o que un ojo se vea a sí mismo sin espejo. Podemos guiar al cliente diciendo: "Nota cómo surge un pensamiento.
Ahora, da un paso atrás y nota que hay una parte de ti que es consciente de ese pensamiento. Tú no eres el pensamiento, tú eres el que lo escucha.
Si puedes observar algo, por definición, no puedes ser ese algo". Es un ejercicio de desapego radical.
Si puedo observar mi mano, no soy mi mano. Si puedo observar mi miedo, no soy mi miedo. Si puedo observar mi personalidad, no soy mi personalidad.
Al pelar todas las capas de lo observable, lo que queda en el centro es la consciencia pura, el "Yo testigo".
Este lugar es un refugio seguro desde donde se pueden gestionar las experiencias más dolorosas sin ser destruido por ellas.
Visualizaciones de continuidad vital para identificar al observador
Otro ejercicio poderoso para contactar con esta dimensión del yo es la visualización retrospectiva a través de la línea de tiempo.
Se invita a la persona a cerrar los ojos y recordar una escena vívida de su adolescencia, por ejemplo, el día de su graduación o un primer viaje con amigos. Se le pide que conecte con lo que veía, pensaba y sentía aquel adolescente.
Luego se le pregunta: "¿Ese adolescente tenía un cuerpo diferente al tuyo actual? Sí. ¿Tenía pensamientos diferentes? Sí.
Pero, ¿era el 'tú' que observaba aquel momento el mismo 'tú' que está observando este recuerdo ahora?".Se repite el proceso con un recuerdo de la niñez temprana.
El cuerpo ha cambiado totalmente (casi todas las células se han renovado), la mente ha madurado, las emociones son distintas. Todo el contenido ha cambiado.
Sin embargo, hay una sensación de continuidad, un "hilo rojo" de consciencia que ha estado presente en cada momento de la vida, mirando a través de los ojos del niño, del adolescente y del adulto. Esa presencia continua que no envejece y que no cambia es el Yo como Contexto.
Conectar con esta parte de nosotros mismos reduce el miedo al cambio y a la pérdida, porque nos ancla en lo único que permanece estable a lo largo de nuestra
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