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Técnicas estructurales de desescalada

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Técnicas estructurales de desescalada


Validar primero, solucionar después

El intento de reparar un desperfecto operativo mientras el comprador se encuentra bajo un secuestro emocional constituye uno de los errores tácticos más graves en la asistencia institucional.

Cuando los niveles de estrés alcanzan picos críticos, la capacidad del individuo para procesar argumentaciones lógicas se anula, otorgando el control total a las reacciones instintivas.

Por consiguiente, si un usuario reclama airadamente por un error en su facturación, la peor maniobra del especialista sería recitar las cláusulas del contrato, ya que esto será interpretado como una invalidación de su enojo.

La estrategia maestra exige reconocer la frustración de manera explícita y auténtica antes de sugerir cualquier remedio financiero.

Formular declaraciones que legitimen el malestar, indicando que cualquier persona en esa misma coyuntura experimentaría idéntica decepción, es un paso ineludible.

Esta validación actúa como un bálsamo psicológico; una vez que el consumidor percibe que su sufrimiento ha sido registrado y respetado por la entidad, sus niveles de hostilidad descienden drásticamente, abriendo paso a la receptividad necesaria para asimilar las soluciones propuestas.

Abstenerse de interrumpir al interlocutor durante su descarga inicial es vital; permitir que vacíe todo su malestar sin oponer resistencia acelera significativamente el proceso de pacificación general.

Uso de lenguaje reductor de tensión y ritmo pausado

El arsenal del profesional para pacificar escenarios turbulentos incluye la manipulación consciente de la cadencia y el vocabulario.

Puesto que la ira se caracteriza por una velocidad de expresión vertiginosa, el representante debe contrarrestar esta aceleración disminuyendo deliberadamente su propio ritmo de habla.

Implementar pausas estratégicas y articular las palabras de forma sosegada proyecta una imagen de autoridad y dominio situacional que induce al usuario a disminuir sus revoluciones para acoplarse a esa nueva sintonía.

Adicionalmente, es imperativo desterrar del discurso cualquier terminología que incremente la fricción, como referencias estrictas a normativas o directrices inflexibles.

En su lugar, el asesor debe recurrir a un léxico conciliador, utilizando frases cortas y humanizadas que demuestren una vo


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