Trauma y TEPT
La desregulación emocional postraumática
El trauma psicológico, especialmente cuando es complejo o repetido, altera fundamentalmente la capacidad del sistema nervioso para regular la emoción.
Los supervivientes a menudo oscilan entre la hiperactivación (irritabilidad, pánico, flashbacks) y la hipoactivación (entumecimiento, disociación), viviendo fuera de su "ventana de tolerancia".
El trauma no procesado mantiene al cerebro en un estado de emergencia perpetua, donde estímulos inofensivos del presente desencadenan respuestas de supervivencia arcaicas.
La terapia reconoce que estos síntomas —a menudo diagnosticados erróneamente como problemas de personalidad— son adaptaciones biológicas a un entorno que fue peligroso.
El objetivo inicial no es revivir el pasado, sino restablecer la seguridad fisiológica en el presente, reduciendo la reactividad extrema ante los recordatorios del trauma.
Adaptaciones de mindfulness para la hipervigilancia
Aunque el mindfulness es una herramienta poderosa, en el contexto del trauma requiere precauciones específicas.
Para un cerebro hipervigilante, enfocar la atención en el interior (como observar la respiración o las sensaciones corporales) puede ser aterrador o desencadenar recuerdos somáticos dolorosos, provocando una inundación de ansiedad.
Por ello, las prácticas iniciales se centran en el exterior: observar colores, texturas o sonidos del entorno inmediato.
Esto ayuda a anclar al individuo en la seguridad del "aquí y ahora", previniendo la disociación y los flashbacks.
Se enseña a diferenciar entre la realidad actual segura y la memoria del peligro pasado, utilizando los sentidos para verificar que la amenaza ya no está presente.
Estabilización como prerrequisito para el procesamiento
Antes de abordar la narrativa del trauma o intentar procesar recuerdos dolorosos (Fase 2), es imperativo establecer una base sólida de estabilidad (Fase 1).
Intentar "curar" el trauma sin tener habilidades de regulación emocional es como realizar una cirugía sin anestesia ni esterilización; puede ser re-traumatizante.
La prioridad es eliminar conductas de riesgo (suicidio, autolesión), asegurar un entorno de vida seguro y aprender a manejar las crisis emocionales sin desmoronarse.
Solo cuando el individuo posee la capacidad de tolerar el malestar y regular su activación, se puede proceder de manera segura a la exposición y procesamiento de los eventos traumáticos, asegurando qu
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