Ansiedad Generalizada y Pánico
Manifestaciones somáticas y cognitivas de la ansiedad
La ansiedad generalizada no es simplemente una "preocupación excesiva"; es un estado fisiológico y cognitivo de alerta constante que desgasta el sistema nervioso.
Se caracteriza por una activación crónica del sistema simpático, lo que se traduce en síntomas físicos como tensión muscular persistente, alteraciones gastrointestinales, taquicardia y una sensación de falta de aire.
A nivel cognitivo, la mente queda atrapada en un bucle de "qué pasaría si...", anticipando desastres futuros que raramente ocurren.
Esta hipervigilancia crea una profecía autocumplida: el cuerpo responde al miedo imaginado como si fuera una amenaza real, reforzando la creencia de que el peligro es inminente.
El trastorno se establece cuando esta respuesta interfiere con la funcionalidad diaria, impidiendo el descanso y la concentración debido a una sensación omnipresente de temor sin una causa inmediata justificada.
Intervenciones de emergencia para el pánico
Para los ataques de pánico, donde la ansiedad alcanza un pico agudo y desorganizado, las intervenciones cognitivas suelen ser ineficaces en el momento. La DBT propone intervenciones fisiológicas directas, como la habilidad TIPP.
El uso de cambios drásticos de temperatura (como sumergir el rostro en agua helada o sostener hielo) activa el "reflejo de inmersión", lo que obliga al ritmo cardíaco a desacelerar inmediatamente.
Asimismo, la respiración pausada y controlada contrarresta la hiperventilación, enviando señales de seguridad al nervio vago.
Estas técnicas actúan como un freno de emergencia biológico, reduciendo la intensidad de la crisis lo suficiente para que el individuo recupere el acceso a su corteza prefrontal y pueda pensar con claridad.
La trampa de la evitación y el camino de la exposición
El mecanismo que mantiene y agrava la ansiedad es la evitación.
Cuando se evita una situación temida (como hablar en una reunión o conducir por una autopista), se experimenta un alivio inmediato, lo que refuerza la conducta de huida.
Sin embargo, esto confirma al cerebro que la situación era realmente peligrosa y erosiona la autoeficacia.
El tratamiento requiere invertir este patrón mediante la exposición gradual y la prevención de la respuesta de huida.
Al permanecer en la situación ansiógena sin escapar, el sistema nervioso eventualmente se habitúa y la ansiedad disminuye naturalmente.
Este proceso enseña al cuerpo, a través de la
ansiedad generalizada y panico