Manejo de impulsos (Urge Surfing)
La observación del deseo intenso sin reacción automática
Uno de los mayores desafíos en la recuperación de conductas impulsivas o adictivas es la gestión del craving o deseo intenso de consumir.
Los pacientes suelen describir este impulso como una orden imperiosa, una picazón insoportable que crece exponencialmente y que sienten que "deben" satisfacer para que cese.
A menudo, existe la creencia errónea de que si no se cede ante el impulso, este aumentará hasta el infinito y provocará un colapso nervioso o una explosión emocional.
Para contrarrestar esta creencia y ofrecer una alternativa conductual, se utiliza la técnica de "Surfear la Ola" (Urge Surfing).
Se invita a la persona a visualizar el impulso no como una orden a obedecer, sino como una ola en el océano.
Las olas siguen un patrón predecible: comienzan pequeñas, crecen en intensidad, alcanzan una cresta máxima y, finalmente, rompen y se disipan en la orilla. Ninguna ola dura para siempre; todas bajan.
La instrucción técnica es observar las sensaciones físicas del deseo (presión en el pecho, salivación, tensión muscular) con curiosidad, como un científico observando un fenómeno natural, y "montar la ola" utilizando la respiración como tabla de surf.
Se aprende que no es necesario luchar contra la ola (intentar suprimir el deseo) ni dejarse ahogar por ella (consumir); simplemente se puede transitar sobre ella hasta que, inevitablemente, pierda fuerza por sí sola.
Desacoplando la sensación física de la acción conductual
El entrenamiento en el manejo de impulsos busca romper el condicionamiento automático entre "sentir ganas" y "hacer".
En la adicción, este vínculo es tan rápido que parece que no hay espacio para elegir: "siento el deseo -> consumo". La terapia introduce una cuña de consciencia en ese espacio.
Se enseña al cliente que tener ganas de hacer algo y hacerlo son dos eventos completamente distintos.
Uno es un evento privado (sensación/pensamiento) y el otro es una conducta pública (movimiento motor).
Podemos usar la analogía de una picadura de mosquito. Si te pica, sientes una urgencia intensa de rascarte.
Rascarse alivia momentáneamente, pero a menudo causa una herida y más picor a largo plazo.
Sin embargo, es físicamente posible sentir el picor con toda su intensidad y mantener las manos quietas. Es incómodo, sí, pero no es imposible. Con el tiempo, el picor disminuye.
Del mismo modo, una persona puede sentir una furia asesina hacia un conductor que se le cruza en el tráfico (impulso), pero no embiste su coche (acción).
Tenemos la capacidad biológica de contener la acción mientras experimentamos la emoción.
Al practicar esto repetidamente con deseos menores y luego mayores,
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