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Señales para Abandonar la Relación

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Señales para Abandonar la Relación


El deterioro de la salud mental y física

Llega un momento crítico en la dinámica de una relación tóxica donde el cuerpo y la mente comienzan a enviar señales de auxilio inequívocas.

Una de las indicaciones más claras de que es necesario terminar el vínculo es el reconocimiento de que la propia salud está en declive.

No se trata simplemente de sentirse triste, sino de una manifestación somática del estrés crónico. El cuerpo, incapaz de sostener el estado de alerta perpetua, empieza a fallar.

Pueden aparecer dolencias psicosomáticas, como afecciones dermatológicas repentinas o problemas en el funcionamiento de órganos internos, que son la respuesta fisiológica a la tensión emocional acumulada.

Vivir bajo este nivel de cortisol constante no solo disminuye la calidad de vida, sino que literalmente la acorta.

Además del deterioro físico, existe un cambio psicológico profundo y negativo: la persona se da cuenta de que ya no le agrada en quién se ha convertido. Al mirar atrás, observa que su versión anterior era más alegre, segura y optimista.

En el presente, se descubre amargada, resentida o llena de ira contenida. Esta transformación no es un crecimiento, sino una erosión del carácter provocada por la necesidad de sobrevivir en un entorno hostil.

Si la relación, en lugar de nutrir y fomentar el bienestar, genera un estado de infelicidad crónica donde el individuo siente que se está marchitando, es una señal definitiva de que el vínculo es nocivo y debe romperse.

La pérdida de identidad y el miedo constante

Otra señal alarmante es la presencia de un miedo subyacente que tiñe todas las interacciones.

No siempre es un terror explícito a la violencia física, sino una aprensión constante sobre las reacciones de la pareja.

La víctima vive "midiendo" sus palabras y acciones, temerosa de provocar un estallido de ira, una crítica feroz o un castigo emocional.

En una relación sana, la base es la confianza y la seguridad; si uno no sabe qué esperar de su compañero o se siente inseguro sobre su estabilidad emocional, el vínculo está fundamentalmente dañado. Este miedo va acompañado de una disolución de la identidad.

La persona comienza a sentirse confundida, dudando de su propia percepción y asumiendo la culpa de todos los conflictos, mientras que la pareja parece inmune a la responsabilidad.

Se pierde la capacidad de disfrutar de uno mismo y se instala una sensación de vacío.

Además, si se observa que las conductas abusivas no solo persisten, sino que


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