Fundamentos de la Entrevista Motivacional
El espíritu colaborativo frente a la confrontación
La Entrevista Motivacional (EM) representa un cambio paradigmático en la forma de abordar la resistencia al cambio.
A diferencia de los modelos tradicionales paternalistas, donde el experto impone una solución y confronta al individuo por su falta de adherencia, la EM se basa en una asociación colaborativa.
El terapeuta no actúa como un dictador que prescribe conductas, sino como un guía que acompaña en la exploración.
El objetivo es evitar la lucha de poder; si se intenta forzar el cambio desde fuera, la reacción natural es la resistencia.
En su lugar, se crea una atmósfera de aceptación y compasión donde el individuo se siente seguro para explorar sus propias barreras sin miedo al juicio.
Se busca bailar con la discordancia en lugar de luchar contra ella, entendiendo que la ambivalencia es una parte normal del proceso humano y no una patología que debe ser extirpada mediante la argumentación lógica o la autoridad.
La evocación de la motivación intrínseca
El núcleo operativo de este enfoque reside en la premisa de que la motivación duradera debe surgir desde dentro del individuo, no desde fuentes externas.
El rol del profesional es evocar, o "sacar a la luz", las razones propias del individuo para cambiar, en lugar de implantar razones ajenas.
Por ejemplo, en lugar de decirle a alguien que debe dejar de fumar porque es malo para su salud (motivación externa), se le pregunta cómo el fumar entra en conflicto con sus valores personales de libertad o vitalidad.
Cuando el individuo verbaliza sus propios argumentos a favor del cambio, la probabilidad de que este ocurra aumenta exponencialmente.
Se trata de conectar la conducta objetivo con las aspiraciones, valores y metas más profundas de la persona, transformando el "tengo que cambiar" en un "quiero cambiar".
Teoría de la Autodeterminación: Los tres pilares
La eficacia de la EM se sustenta teóricamente en la autodeterminación, que postula que el ser humano prospera y cambia cuando se satisfacen tres necesidades psicológicas básicas.
La primera es la autonomía: la necesidad de sentir que uno es el origen de sus propias acciones y que tiene capacidad de elección.
La segunda es la competencia o maestría: la sensación de que uno tiene las habilidades necesarias para lograr el objetivo propuesto.
La tercera es la relación (relatedness): sentirse conectado y apoyado por otros significativos, incluido el terapeuta.
Si una intervención amenaza la autonomía (diciendo "debes hacer esto"), la motivación colapsa.
Por tanto, el profesiona
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