Pensamientos como eventos históricos
La imposibilidad biológica de borrar o eliminar recuerdos
Una premisa fundamental basada en la neurociencia y la teoría del aprendizaje es que el sistema nervioso humano funciona por adición, no por sustracción.
Una vez que hemos aprendido algo —que el fuego quema, que 2+2 son 4, o que nos sentimos humillados al hablar en público—, esa red neuronal se establece y no existe un botón de "borrar". No podemos desaprender en el sentido estricto de eliminar la información.
Lo que llamamos "olvidar" o "superar" es, en realidad, el aprendizaje de nuevas asociaciones que inhiben o compiten con las antiguas, pero la traza original permanece.
Esto explica por qué los intentos de "eliminar" pensamientos negativos o recuerdos dolorosos suelen fracasar y generar frustración.
Si intentamos activamente no pensar en un evento traumático o vergonzoso del pasado, estamos reforzando la red neuronal asociada a ese evento, dándole más relevancia y energía.
Entender esto es liberador: tener pensamientos recurrentes sobre miedos pasados o inseguridades no es un signo de debilidad ni de falta de curación; es simplemente el funcionamiento normal de un órgano (el cerebro) diseñado para no olvidar las amenazas.
La terapia deja de ser una lucha para extirpar "malos recuerdos" y se convierte en un entrenamiento para aprender a convivir con esa historia sin que ella dirija el presente.
Entender los pensamientos como ecos de la historia personal
Desde esta perspectiva, cada pensamiento que cruza nuestra mente es un producto histórico.
No es una verdad revelada sobre el futuro ni una definición de nuestra esencia, sino un eco de nuestro pasado.
Si una persona tiene el pensamiento automático "la gente me va a traicionar", esto no significa que tenga poderes premonitorios sobre sus amigos actuales; significa que en su historia personal hubo eventos de traición que su mente registró como importantes para la supervivencia.
La mente está programada para proyectar el pasado sobre el futuro para protegernos.
Al ver los pensamientos como eventos históricos, cambiamos nuestra relación con ellos.
En lugar de decir "Soy un cobarde", podemos reformularlo como "Estoy teniendo el pensamiento antiguo de que soy un cobarde, el cual aprendí en mi infancia cuando me criticaban". Esta distancia nos permite validar nuestra historia sin ser esclavos de ella.
Reconocemos que nuestra mente es como un loro que ha aprendido ciertas frases a lo largo de los años y las repite ante determinados estímulos.
No tenemos que enfadarnos con el loro ni intentar coserle el pico; simplemente podemos reconocer que está repitiendo lo que aprendió hace veinte años y decidir si esa "grabación" es útil para la situación actual o si preferimos guiar nuestra conducta por nuestros valores presentes.
Resumen
La neurociencia indica que el cerebro funciona por adición, no por sustracción, lo que hace biológicamente imposible borrar recuerdos; intentar eliminar pensamientos negativos solo refuerza sus redes neuronales y aumenta su presencia.
Desde esta perspectiva, los pensamientos se entienden como ecos de nuestra historia personal proyectados hacia el futuro, no como verdades, sino como repeticiones aprendidas que la mente usa para protegernos.
El objetivo terapéutico es cambiar la relación con estos eventos, viendo a la mente como un "loro" que repite grabaciones antiguas, permitiéndonos escucharla sin la obligación de obedecer sus dictados pasados.
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