Metáforas de aceptación activa
La metáfora del vecino molesto en la reunión comunitaria
Para ilustrar la actitud de disposición, podemos usar una variación de la metáfora del invitado.
Imagina que eres el presidente de tu comunidad de vecinos y has organizado una fiesta para mejorar la convivencia.
De repente, aparece ese vecino del quinto que siempre se queja, huele a tabaco rancio y cuenta historias aburridas. No te cae bien y no querías que viniera.
Tienes dos opciones: la primera es echarlo o pasarte toda la fiesta vigilándolo con tensión, intentando que no hable con nadie y amargándote la velada (agenda de control).
La segunda opción es la aceptación activa: le permites entrar, le saludas cortésmente ("Hola, pasa, hay comida en la mesa") y luego te dedicas a disfrutar de la fiesta con los demás vecinos, dejando que él deambule por la sala. No tienes que amarlo, ni reírte de sus chistes, ni estar pegado a él.
Simplemente estás dispuesto a que él esté en la misma habitación que tú para que la fiesta pueda continuar.
En esta metáfora, el vecino es tu ansiedad o tu dolor crónico, y la fiesta es tu vida. Si no estás dispuesto a tener al vecino en la sala, tendrás que cancelar la fiesta. La aceptación es el peaje que pagamos para poder celebrar la vida.
La metáfora de la tierra y el pozo: transformar la carga en apoyo
Otra narrativa poderosa para explicar cómo la aceptación transforma la adversidad es la historia del animal atrapado. Imagina un mulo viejo que cae al fondo de un pozo seco y profundo.
El granjero, al verlo, decide que no vale la pena el esfuerzo de sacarlo y opta por enterrarlo allí mismo para tapar el pozo. Empieza a palear tierra sobre el animal. Al principio, el mulo se aterroriza y llora (dolor limpio).
Pero al caerle la tierra encima, en lugar de dejarse sepultar, hace algo instintivo: se sacude la tierra del lomo y da un paso hacia arriba, pisando la tierra que acaba de caer.
Cuanta más tierra le tiran (más adversidad, más pensamientos negativos, más dolor), más se sacude y más sube.
Aquello que estaba destinado a enterrarle se convierte, gracias a su acción de aceptación y utilización, en la plataforma que le permite salir del pozo.
En terapia, esto enseña que no debemos luchar contra la "tierra" que nos cae (las emociones difíciles), ni dejar que nos aplaste.
Debemos aceptarla ("sacudirla") y usarla como base para dar el siguiente paso hacia nuestros valores.
La energía de la ansiedad puede usarse para prepararse mejor; el dolor de la pérdida puede usarse para conectar más profundamente con otros.
Resumen
Utilizamos la metáfora del vecino molesto en una fiesta para explicar la disposición: permitimos que la ansiedad (el vecino) esté presente para no tener que cancelar nuestra vida (la fiesta).
La aceptación es el peaje necesario para vivir; si echamos al vecino, la fiesta termina. No implica que nos guste su presencia, sino que estamos dispuestos a convivir para seguir celebrando.
Otra metáfora potente es la del mulo en el pozo: en lugar de dejarse enterrar por la tierra (adversidad), la sacude y la usa como base para subir y salir.
metaforas de aceptacion activa