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Metáfora: Los pasajeros del autobús

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Metáfora: Los pasajeros del autobús


La configuración de la metáfora: conductor vs. pasajeros

Esta es una de las metáforas más completas y utilizadas en ACT porque integra defusión, aceptación, valores y acción comprometida en una sola narrativa.

Se invita al cliente a imaginar que su vida es un autobús y él es el conductor. Su trabajo es conducir ese vehículo hacia un destino elegido (sus valores).

Sin embargo, el autobús no está vacío; está lleno de pasajeros ruidosos, molestos y a veces intimidantes.

Estos pasajeros representan todos nuestros pensamientos críticos, miedos, recuerdos de fracasos y sensaciones de inseguridad.Los pasajeros tienen una actitud amenazante.

Se acercan al conductor y le gritan cosas como: "¡No gires a la izquierda, es peligroso!", "¡No vales para conducir!", "¡Si sigues por ahí, te haremos daño o te gritaremos más fuerte!".

A menudo, el conductor (la persona), para evitar el ruido y la amenaza, obedece a los pasajeros.

Si los pasajeros dicen "gira a la derecha" (donde la derecha representa la zona de confort o la evitación), el conductor gira, aunque eso le aleje de su destino.

Se establece un trato implícito: "Si hago lo que dicen mis miedos, ellos se callan y me dejan tranquilo".

El problema es que, bajo este trato, el autobús termina dando vueltas en círculos en un descampado, muy lejos de la vida que el conductor quería vivir.

Recuperando el control del volante

La intervención terapéutica con esta metáfora consiste en romper el trato con los pasajeros.

El terapeuta ayuda al cliente a darse cuenta de que, aunque los pasajeros son muy ruidosos y tienen aspecto de monstruos aterradores, en realidad no tienen capacidad física para tocar el volante ni los pedales. Su único poder es la intimidación verbal.

Solo pueden controlar el autobús si el conductor se asusta y les obedece voluntariamente.

El objetivo es que el conductor aprenda a conducir en la dirección que marcan sus valores mientras los pasajeros gritan e insultan.

Se trata de permitir que los pasajeros se agolpen en la parte delantera, que digan que va a ser un desastre, sintiendo el miedo que provocan, pero manteniendo las manos firmes en el volante hacia el destino deseado.

Con el tiempo, al ver que el conductor no cede ante las amenazas, los pasajeros no necesariamente se bajan del autobús (los recuerdos y miedos antiguos suelen quedarse), pero a menudo se retiran a los asientos traseros y su ruido se convierte en un murmullo de fondo al que ya no prestamos tanta atención.

Aprendemos a conducir con el autobús lleno, en lugar de esperar a que se vacíe para arrancar.

Resumen

Esta metáfora integra múltiples procesos de ACT. El cliente es el conductor de un autobús (su vida) lleno de pasajeros ruidosos e intimidantes (pensamientos y miedos) que le gritan instrucciones para desviar su rumbo.

A menudo, el conductor obedece a los pasajeros para mantenerlos callados, girando hacia la evitación. Este trato implícito hace que el autobús dé vueltas en círculos, alejándose del destino valioso que la persona realmente desea.

La intervención enseña que los pasajeros no pueden tocar el volante, solo intimidar verbalmente. El objetivo es conducir hacia los valores permitiendo que los pasajeros griten, aprendiendo a llevar el autobús lleno en lugar de esperar a vaciarlo.


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