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Manejo de la duda y la incertidumbre

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Manejo de la duda y la incertidumbre


La duda como evento mental normal, no como señal de incapacidad

La duda es una experiencia universal, pero a menudo la malinterpretamos como una señal de incompetencia o una predicción de fracaso inminente.

Desde la perspectiva de esta terapia, se reencuadra la duda no como un defecto de carácter, sino como un evento mental natural y esperado, especialmente cuando nos enfrentamos a desafíos importantes o tareas nuevas.

Nuestra mente, en su función de proteger la supervivencia, genera incertidumbre para obligarnos a ser cautelosos.

El problema surge cuando nos fusionamos con la duda y la interpretamos literalmente como una señal de "stop": "Si dudo, es que no estoy preparado".

Imaginemos a un cirujano experimentado antes de una operación compleja o a un artista antes de salir al escenario.

Es probable que ambos experimenten pensamientos de duda: "¿Y si sale mal?", "¿He revisado todo?". Si se fusionan con estos pensamientos, podrían paralizarse.

Sin embargo, la competencia profesional no reside en la ausencia de dudas, sino en la capacidad de proceder con la acción correcta a pesar de su presencia. La duda es simplemente "ruido de la radio" mental.

En el trabajo avanzado con pensamientos difíciles, enseñamos al cliente a normalizar la incertidumbre.

Se le invita a decir: "Ah, aquí está mi mente haciendo su trabajo de generadora de dudas. Gracias por el aviso, pero voy a seguir adelante".

Se trata de llevar la duda en el bolsillo mientras caminamos, en lugar de dejar que la duda construya un muro en el camino.

Evitar la búsqueda excesiva de reaseguramiento

Una conducta de seguridad muy común asociada a la duda es la búsqueda compulsiva de reaseguramiento o validación externa.

Cuando la duda interna se vuelve intolerable, la persona tiende a preguntar a otros: "¿Crees que lo hice bien?", "¿Estás seguro de que no estás enfadado?", "¿Esto es la decisión correcta?".

Aunque la respuesta afirmativa proporciona un alivio inmediato de la ansiedad, este alivio es efímero y genera dependencia.

A largo plazo, cada vez que buscamos reaseguramiento externo, estamos enviando un mensaje a nuestro propio cerebro: "Yo no soy capaz de confiar en mi propio juicio; necesito a otro para saber qué es real".Esto erosiona la autoconfianza y perpetúa el ciclo de la duda.

Para romper este patrón, la intervención se centra en tolerar la incomodidad de no saber con certeza.

Se anima al cliente a tomar decisiones basadas en sus valores y a asumir el riesgo de equivocarse, sin consultar frenéticamente a su entorno.

Si un estudiante duda sobre si ha estudiado suficiente, en lugar de preguntar a su profesor o compañeros repetidamente, se le invita a senta


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