Evolución y supervivencia
El diseño de la mente primitiva: detección de amenazas
Si analizamos la mente humana desde una perspectiva evolutiva, descubrimos que no fue diseñada para la felicidad, la auto-realización o la paz interior.
Fue diseñada con un único propósito prioritario: la supervivencia del individuo y del grupo.
Nuestros antepasados que sobrevivieron no fueron aquellos que se quedaban contemplando la belleza de las flores despreocupadamente, sino aquellos que eran paranoicos, que veían peligros donde no los había y que siempre anticipaban lo peor.
Imagina a dos homínidos en la sabana africana hace miles de años. Escuchan un crujido en la hierba alta.
Uno piensa: "Seguro que es el viento" y se relaja. El otro piensa: "Seguro que es un depredador" y huye.
Si era el viento, el segundo solo perdió un poco de energía, pero si era un león, el primero fue devorado y no transmitió sus genes.
Somos descendientes de los que huyeron, de los que se preocuparon excesivamente.
Nuestra mente moderna ha heredado ese sesgo de negatividad: es una máquina de detectar problemas, juzgar lo que está mal y prever catástrofes.
El problema es que, en el mundo moderno, los "leones" ya no son físicos, sino simbólicos (un correo electrónico de un jefe, una mirada de desaprobación, una factura), pero la mente reacciona con la misma alarma biológica, manteniéndonos en un estado de estrés crónico por amenazas que no ponen en riesgo nuestra vida física.
Comparativa de respuestas: el animal vs. el ser humano verbal
La diferencia crucial entre la respuesta de estrés en los animales y en los humanos radica en la duración y el desencadenante.
Cuando una gacela escapa de un guepardo, experimenta un pico brutal de adrenalina y terror.
Sin embargo, una vez que el depredador se ha ido y la gacela está a salvo, su sistema nervioso se regula rápidamente y vuelve a pastar tranquilamente.
No se queda rumiando: "¿Y si el guepardo vuelve mañana?", "¿Fui lo suficientemente rápida?", "¿Qué pensarán las otras gacelas de mi forma de correr?". Vive en la contingencia presente.
El ser humano, dotado de lenguaje, no tiene esa suerte. Si una persona sufre un atraco (el evento amenazante), no solo sufre durante el atraco.
Meses después, puede estar en su cama, totalmente a salvo, y su mente reconstruye la escena, analiza qué hizo mal, imagina escenarios alternativos y proyecta futuros atracos.
La mente verbal mantiene viva la amenaza mucho después de que esta haya desaparecido del mundo físico. Convertimos un evento puntual doloroso en una tortura crónica.
Este bucle de retroalimentación, donde el pensamiento reactiva la emoción y la emoción alimenta más pensamientos catastróficos, es exclusivo de nuestra especie y es el precio que pagamos por nuestra capacidad de lenguaje y abstracción.
Resumen
La mente humana no fue diseñada evolutivamente para la felicidad o la paz, sino con el propósito prioritario de garantizar la supervivencia del individuo detectando peligros en el entorno.
Hemos heredado un fuerte sesgo de negatividad de nuestros antepasados; nuestra mente moderna funciona como un radar constante de problemas, anticipando catástrofes y juzgando continuamente para protegernos de amenazas.
A diferencia de los animales, el lenguaje humano mantiene viva la amenaza mucho después de que desaparezca, convirtiendo eventos dolorosos puntuales en sufrimiento crónico mediante la rumiación y la preocupación.
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