Evitación Experiencial
Definición y costes vitales del escape emocional
La evitación experiencial se define como la falta de voluntad para mantenerse en contacto con experiencias privadas particulares (como sensaciones corporales, emociones, pensamientos, recuerdos) y el intento de alterar la forma o la frecuencia de estos eventos y el contexto que los ocasiona. En términos sencillos, es todo aquello que hacemos para no sentir lo que sentimos.
Esto puede manifestarse de formas obvias, como el uso de sustancias, el aislamiento social o la procrastinación, pero también de formas sutiles, como la rumiación excesiva, la distracción constante con el teléfono móvil o el intento de racionalizar sentimientos.
Aunque la evitación suele proporcionar un alivio inmediato del malestar (si no voy a la entrevista de trabajo, la ansiedad desaparece al instante), conlleva un coste a largo plazo devastador.
Funciona como una droga: el alivio es breve, pero el efecto secundario es que la vida se encoge.
Cada vez que evitamos una situación por miedo al malestar, confirmamos a nuestro cerebro que esa situación es peligrosa y que nosotros somos incapaces de afrontarla.
Con el tiempo, la "zona de confort" se hace cada vez más pequeña, convirtiéndose en una prisión.
La persona termina sacrificando sus relaciones, sus ambiciones profesionales y su vitalidad, no porque no pueda lograrlas, sino porque no está dispuesta a pagar el "precio emocional" de la incomodidad que conllevan.
Discriminación funcional: cuándo la evitación es útil y cuándo es patológica
Es importante matizar que no toda evitación es patológica. Si vemos un coche venir a toda velocidad hacia nosotros, evitarlo saltando a la acera es una conducta adaptativa y necesaria para la supervivencia.
Si ponemos la mano sobre una estufa caliente, retirarla inmediatamente es vital. En el mundo físico, evitar el daño es inteligente.
El problema surge cuando aplicamos esta estrategia de supervivencia física a eventos internos que no son dañinos en sí mismos, sino simplemente desagradables.
La ansiedad no te quema la mano; la tristeza no te atropella. Son informaciones, no amenazas vitales.
La terapia trabaja en la discriminación funcional: ayudar a la persona a distinguir entre peligros reales que deben ser evitados y malestares internos que deben ser aceptados para poder avanzar.
Por ejemplo, evitar hablar con un desconocido puede parecer seguro a corto plazo porque evita la vergüenza, pero a largo plazo impide conocer gente y fomenta la soledad.
Si la evitación nos aleja de nuestros valores y de la persona que queremos ser, entonces es tóxica.
Si la evitación nos salva la vida o es irrelevante para nuestros valores (como evitar una película de terror porque simplemente no nos gusta el género), entonces no es problemática. El criterio siempre es la funcionalidad respecto a la vida que se desea vivir.
Resumen
Se define como la falta de voluntad para contactar con experiencias privadas dolorosas, llevando a la persona a realizar conductas para alterar su frecuencia o forma, aunque esto dañe su vida.
Aunque proporciona un alivio inmediato del malestar, la evitación funciona como una droga con un coste devastador a largo plazo, reduciendo la "zona de confort" y convirtiendo la existencia en una prisión.
La terapia distingue entre la evitación física necesaria para sobrevivir y la evitación patológica de eventos internos, la cual se vuelve tóxica cuando nos aleja de nuestros valores y de la vida deseada.
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