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Encuadre y definición de la terapia

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Encuadre y definición de la terapia


La evolución hacia la tercera generación y el enfoque contextual

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) representa un cambio paradigmático dentro de la psicología clínica, ubicándose en lo que se conoce como la "tercera ola" o tercera generación de las terapias cognitivo-conductuales.

Para entender su posición, es necesario revisar la historia: la primera generación (conductismo) se centró exclusivamente en el cambio de conducta observable a través del condicionamiento y el aprendizaje asociativo.

Posteriormente, la segunda generación introdujo la cognición como factor determinante, asumiendo que para cambiar una emoción o conducta disfuncional, primero debíamos modificar el pensamiento "erróneo" o distorsionado que la precedía.

Sin embargo, ACT y otras terapias de tercera generación proponen una aproximación radicalmente distinta: abandonan el interés por el contenido de los pensamientos (si son verdaderos, falsos, lógicos o irracionales) para centrarse exclusivamente en su función y en el contexto en el que ocurren.

En este modelo, no se considera que un pensamiento sea patológico por ser negativo o pesimista.

Lo que determina si una cognición es problemática es su utilidad o funcionalidad en la vida de la persona.

La pregunta terapéutica deja de ser "¿Es cierto que no vales para nada?" para convertirse en "¿El fusionarte con la idea de que no vales para nada te ayuda a construir la vida que deseas?". Este enfoque se denomina contextualismo funcional.

Se busca alterar la relación que el individuo mantiene con sus eventos privados (emociones, recuerdos, sensaciones), en lugar de intentar alterar los eventos en sí mismos.

Se asume que intentar "arreglar" los pensamientos a menudo otorga más poder y relevancia a esos mismos pensamientos, creando un círculo vicioso de atención y lucha.

Contrastes fundamentales con los modelos tradicionales de segunda generación

La diferencia más notable con las terapias tradicionales de segunda generación (como la Terapia Cognitivo-Conductual clásica o TCC) radica en la estrategia de manejo del malestar.

La TCC clásica opera bajo una premisa de "cambio y control": si sientes ansiedad o tienes pensamientos catastróficos, se te enseñan herramientas para debatir esos pensamientos, buscar evidencias en contra, relajarte y reducir el síntoma.

El éxito se mide, a menudo, por la reducción de la frecuencia e intensidad del malestar.

ACT desafía esta lógica, argumentando que la salud mental no es la ausencia de síntomas.

Por ejemplo, imaginemos a una persona que evita ir a fiestas porque piensa "soy aburrido y nadie querrá hablar conmigo".

Un terapeuta tradicional podría trabajar en la reestructuración cognitiva: buscar pruebas de que la persona ha sido divertida en el pasado, analizar la probabilidad real de ser rechazado y tratar de sustituir el pensamiento negativo por uno más realista como "a veces soy callado, pero puedo ser interesante". El objetivo es que la persona se sienta mejor para que entonces pueda ir a la fiesta.

En cambio, desde la perspectiva de ACT, el objetivo no es convencer a la mente de que "soy interesante".

El terapeuta podría decir: "Tu mente te está contando la historia de que eres aburrido.

¿Puedes llevar esa historia contigo, sentir la inseguridad que te provoca, y aun así ir a la fiesta porque conectar con otras personas es un valor importante para ti?".

Se promueve la acción comprometida con el síntoma, no después de que el síntoma desaparezca.

Resumen

La Terapia de Aceptación y Compromiso se sitúa en la tercera generación de terapias cognitivo-conductuales, proponiendo un cambio paradigmático al abandonar el interés por el contenido lógico de los pensamientos.

Este modelo, denominado contextualismo funcional, busca alterar la relación del individuo con sus eventos privados en lugar de modificarlos, centrándose exclusivamente en la función y el contexto donde ocurren.

A diferencia de los modelos tradicionales de "cambio y control", ACT promueve la aceptación y la acción comprometida con los valores, invitando a llevar el síntoma consigo en lugar de eliminarlo.


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