El ancla en la tormenta
La inestabilidad de la mente viajera y el coste de la desconexión
Nuestra mente tiene una tendencia natural a viajar en el tiempo. Ante cualquier dificultad, activa su radar de amenazas y nos transporta al futuro (preocupación: "¿Y si sale mal?") o al pasado (culpa/rumiación: "¿Por qué dije eso?").
Si bien esta capacidad de proyección es útil para planificar, se convierte en un problema cuando nos disocia de la realidad inmediata.
Cuando estamos físicamente en una cena familiar pero mentalmente en una reunión de trabajo del día siguiente, perdemos la "presencia".
La vida real solo sucede en el ahora; el pasado y el futuro son construcciones verbales en nuestra cabeza.
Esta desconexión tiene un coste vital alto: nos perdemos los matices de la experiencia, reducimos nuestra capacidad de respuesta efectiva y vivimos en un estado de alerta crónica por peligros que no están sucediendo físicamente. Cuando las emociones se intensifican, esta tendencia se agudiza.
Una crisis emocional funciona como una tormenta en alta mar: olas gigantes de miedo o ira golpean nuestra embarcación, el viento de los pensamientos catastróficos nos empuja, y corremos el riesgo de ser arrastrados contra las rocas o perder el rumbo por completo.
En esos momentos de turbulencia, intentar "parar la tormenta" es imposible; lo que necesitamos es estabilidad para no naufragar.
La técnica de "Tirar el Ancla" para recuperar el control
Para gestionar estos momentos de desborde emocional, utilizamos la metáfora y técnica de "Tirar el Ancla".
Al igual que un barco lanza un ancla pesada al fondo marino para mantenerse estable mientras la tormenta ruge en la superficie, nosotros podemos anclarnos en nuestro cuerpo y en el momento presente.
El ancla no hace que deje de llover ni que las olas desaparezcan (las emociones y pensamientos difíciles siguen ahí), pero evita que el barco sea arrastrado a la deriva.
Nos permite mantener la posición y la gobernabilidad de la nave hasta que el clima mejore.La técnica implica una secuencia de conexión física.
Primero, reconocer la tormenta mental ("estoy teniendo pensamientos de pánico").
Segundo, conectar con el cuerpo físico: presionar los pies firmemente contra el suelo, notar el respaldo de la silla, juntar las manos y sentir la presión.
Tercero, expandir la consciencia al entorno: nombrar cinco cosas que se ven y tres sonidos que se oyen.
Al hacer esto, le decimos al cerebro: "Sí, hay una tormenta emocional, pero también hay un cuerpo aquí, un suelo debajo y una habitación alrededor".
Ampliamos el foco de atención para que el dolor no sea lo único en nuestra pantalla de radar, recuperando así la capacidad de elegir cómo actuar a pesar de la tormenta.
Resumen
Nuestra mente tiende a viajar al pasado o futuro, desconectándonos de la realidad. Durante las crisis emocionales, esto funciona como una tormenta que amenaza con hacernos naufragar y perder el rumbo.
Para gestionar este desborde, utilizamos la técnica de "Tirar el Ancla". Esta herramienta no elimina la tormenta emocional, pero proporciona la estabilidad necesaria para mantener el gobierno de nuestra nave.
La técnica consiste en conectar con el cuerpo y el entorno físico inmediato. Al ampliar el foco de atención, le recordamos al cerebro que existe seguridad física alrededor del dolor interno.
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