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Termorregulación y la importancia del agua

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Termorregulación y la importancia del agua


Fisiología de la disipación del calor y la sudoración

Durante la ejecución de cualquier actividad física, una inmensa proporción de la energía calórica consumida por las células no se transforma en movimiento mecánico, sino que se libera en forma de calor residual.

Para evitar que esta acumulación térmica destruya los delicados sistemas enzimáticos, el organismo debe disipar urgentemente el exceso de temperatura hacia el exterior para mantenerse en un rango seguro de treinta y siete a treinta y ocho grados centígrados. El mecanismo maestro para lograr este enfriamiento es la sudoración profunda.

A medida que el líquido salino segregado se evapora en la superficie de la piel, extrae consigo cantidades masivas de temperatura central; concretamente, la vaporización de un solo litro de sudor logra disipar alrededor de seiscientas kilocalorías de calor orgánico.

Relación del volumen sanguíneo con la temperatura corporal

Cuando el individuo transpira profusamente sin aplicar un protocolo de restitución hídrica, el volumen total del plasma sanguíneo experimenta un desplome precipitado.

Esta disminución en la cantidad de sangre circulante somete al corazón a un grado de estrés severo, obligándolo a incrementar drásticamente la velocidad de sus latidos para intentar suplir las demandas de todos los tejidos.

Bajo estas circunstancias críticas, surge un conflicto circulatorio donde la sangre se divide entre nutrir la musculatura asfixiada y llegar a los vasos subcutáneos para liberar calor.

Fisiológicamente, el cuerpo prioriza a los músculos, restringiendo el riego hacia la dermis, lo que anula la capacidad de enfriamiento y catapulta la temperatura interna a niveles alarmantes.

Funciones primordiales del agua orgánica en el esfuerzo

El peso total de un atleta está constituido mayormente por fluidos acuosos, representando más de la mitad de su masa corporal.

Estas reservas hídricas se agotan de manera continua a través de los poros epidérmicos y las exhalaciones pulmonares durante las sesiones de alto impacto.

Si el deportista omite la reposición metódica de esta agua, la densa y escasa sangre resultante será incapaz de transportar las cuotas necesarias de oxígeno hacia las fibras musculares fatigadas.

Asimismo, la carencia de un medio acuoso óptimo impide el lavado y arrastre de los desechos metabólicos y toxinas que se producen a nivel celular.

Este estancamiento tóxico desencadena inexorablemente un colapso físico, mermando cualquier intento de mantener un desempeño competitivo de alto nivel.

Resumen

Durante el esfuerzo físico intenso, gran parte de la energía se transforma en calor metabólico. El organismo emplea la transpiración como mecanismo termorregulador principal, evaporando fluidos superficiales para evitar un peligroso sobrecalentamiento de los órganos vitales.

La pérdida continua de líquidos reduce significativamente el volumen sanguíneo total del atleta. Esta disminución obliga al miocardio a incrementar su frecuencia de bombeo, comprometiendo gravemente la oxigenación muscular y la eficiente disipación térmica subcutánea.

El agua corporal resulta indispensable para mantener el rendimiento deportivo óptimo. Su reposición constante garantiza el transporte adecuado de nutrientes hacia los tejidos activos y facilita la eliminación oportuna de los subproductos tóxicos generados internamente.


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