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Hidratación y nutrición deportiva en competiciones de larga duración - nutricion deportiva
En eventos prolongados el cuerpo enfrenta pérdidas constantes de agua, electrolitos y reservas energéticas. Mantener un equilibrio entre hidratación y aporte de carbohidratos es clave para sostener el rendimiento físico y cognitivo, prevenir calambres, fatiga prematura y reducir el riesgo de problemas más graves como la deshidratación severa o la hiponatremia. La estrategia correcta no es la misma para todos: depende de la duración de la prueba, el clima, la intensidad del esfuerzo y las características individuales del deportista.
Durante actividad aeróbica prolongada se consume glucógeno muscular y hepático; si no se reponen carbohidratos, el rendimiento decrece y aparece la sensación de “pájara”. Paralelamente, se pierde agua y sodio por el sudor; la cantidad puede variar ampliamente entre individuos. La deshidratación reduce el volumen sanguíneo efectivo, aumenta la temperatura corporal y eleva la percepción de esfuerzo. Además, el equilibrio de electrolitos es esencial para la función neuromuscular y la transmisión nerviosa.
Antes de diseñar la estrategia en competencia, es útil conocer la tasa de sudoración propia: pesar al atleta antes y después de entrenamientos representativos y contabilizar líquidos ingeridos durante la sesión. Una pérdida de masa de 1 kg equivale aproximadamente a 1 litro de sudor perdido. La ingesta objetivo suele situarse entre 300 y 800 ml/hora según la tasa de sudoración y tolerancia gastrointestinal, pero debe individualizarse. Además, incluir electrolitos —especialmente sodio— ayuda a mantener el volumen plasmático y la función neuromuscular.
Beber en exceso agua sin reponer sodio puede diluir el plasma y llevar a hiponatremia, condición peligrosa especialmente en eventos de muchas horas. Para evitarla, combinar bebidas isotónicas o sales en la hidratación y ajustar la ingesta a la sed y a las pérdidas estimadas es más seguro que beber rígidamente por volumen fijo. En pruebas muy largas conviene planificar un aporte regular de sodio junto con los carbohidratos.
El objetivo es proporcionar carbohidratos de absorción rápida para mantener la glucosa sanguínea y retrasar la depleción de glucógeno. Para esfuerzos entre 1 y 2,5 horas se recomiendan 30–60 g/h de carbohidratos; para eventos más largos (2,5–3+ horas) la cifra puede aumentar a 60–90 g/h, combinando diferentes tipos de azúcares para mejorar la absorción (por ejemplo glucosa + fructosa en proporciones adecuadas). La textura y forma (geles, bebidas, barras blandas o alimentos sólidos ligeros) se escogen según la tolerancia gastrointestinal del deportista.
Previo a la prueba conviene salir bien hidratado y con los depósitos de glucógeno óptimos, lo que implica una dieta rica en carbohidratos las 24–48 horas anteriores y evitar deshidratación precompetitiva. Durante la competición seguir una pauta regular de ingestión (por ejemplo cada 15–30 minutos small sips de bebida y cada 30–45 minutos un gel o alimento dependiendo de necesidades). Tras finalizar, el objetivo es reponer líquidos, sodio y carbohidratos para facilitar la recuperación: una bebida con carbohidratos y algo de proteína en las primeras dos horas favorece la síntesis de glucógeno y la reparación muscular.
Probar la estrategia nutricional e hidrática en sesiones largas de entrenamiento es imprescindible: cada estómago reacciona distinto y lo que funciona en teoría puede provocar molestias reales. Ensayar cantidades, momentos y tipos de productos permite ajustar la tolerancia, evitar sorpresas y crear una rutina que lleve a un comportamiento automático el día de la carrera.
Es importante distinguir entre sed normal, fatiga y síntomas que requieren intervención. Mareos, confusión, nauseas persistentes, calambres severos, disminución notable del rendimiento o pérdida excesiva de peso corporal son señales de alarma. Ante deshidratación moderada, aportar líquidos isotónicos y cierto contenido de sodio ayuda; en caso de sospecha de hiponatremia (hinchazón, confusión, convulsiones) es necesaria atención médica urgente y evitar administrar grandes volúmenes de agua sola.
Una pauta orientativa para una competición de 4 a 6 horas: comenzar bien hidratado, tomar 150–300 ml cada 15–20 minutos si la sudoración es alta; consumir 60–90 g de carbohidratos por hora combinando bebidas y geles (por ejemplo una bebida con 6–8% de carbohidratos más un gel cada 45–60 minutos con agua adicional). Añadir 300–700 mg de sodio por hora en condiciones de mucho sudor o calor. Adaptar cantidades según tolerancia y medir el peso pre/post entrenamiento para ajustar la tasa de reposición.
Con una planificación individualizada y ensayos previos, es posible mantener el rendimiento en pruebas de larga duración minimizando riesgos. La clave está en conocer las propias pérdidas, elegir productos que toleres y adaptar la ingesta a las condiciones de la prueba. Así se llega más entero al final y se facilita una recuperación más rápida.
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