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El continuum energético y la fatiga

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El continuum energético y la fatiga


Interacción de los sistemas durante el ejercicio

En contraposición a los antiguos modelos teóricos, la biología humana jamás aísla el funcionamiento de sus vías de producción de combustible; por el contrario, los tres grandes sistemas se entrelazan de manera ininterrumpida a lo largo de un elaborado continuum energético.

Desde el preciso instante en que un atleta inicia su movimiento, tanto el mecanismo de fosfágenos como las vías glucolíticas y oxidativas se encienden al unísono para contribuir al esfuerzo.

Sin embargo, la balanza que determina qué sistema asumirá el rol protagónico está dictaminada milimétricamente por la violencia de la intensidad y la prolongación del trabajo físico.

En una embestida brutal y fugaz, el componente aláctico monopoliza casi por completo el suministro, dejando a la respiración celular en un plano residual.

Inversamente, en una caminata serena y prolongada, la matriz aeróbica absorbe la inmensa mayoría de la exigencia motriz.

Umbrales metabólicos y transición de sustratos

Conforme el cronómetro avanza durante un evento atlético, la maquinaria interna se ve forzada a pivotar entre distintos depósitos nutricionales para esquivar un colapso sistémico inminente.

En las etapas tempranas de un trabajo sostenido y vigoroso, los glúcidos empacados en la propia fibra muscular actúan como el combustible predilecto e indispensable.

A medida que este codiciado glucógeno local amenaza con vaciarse, la fisiología transita sutilmente hacia umbrales distintos, delegando una responsabilidad progresivamente mayor a la combustión lenta de los ácidos grasos circulantes.

Aunque esta transición lipídica resulta la piedra angular de la resistencia, las grasas son incapaces biológicamente de igualar el veloz ritmo de liberación energética de los azúcares.

Por lo tanto, un deportista severamente desprovisto de glucógeno perderá irremediablemente su capacidad de sostener altas velocidades, siendo forzado a resignarse a un ritmo mucho más dócil y moderado.

Mecanismos multifactoriales del agotamiento

El fenómeno clínico de la fatiga se materializa como la total incapacidad fisiológica para perpetuar una cuota específica de potencia mecánica o ritmo locomotor.

Las verdaderas causas de este declive no son singulares, sino que conforman un entramado de eventos estrechamente atados a la naturaleza de la prueba deportiva.

En las disciplinas relámpago de máxima vehemencia, la impotencia sobreviene simplemente por la erradicación total del ATP y los fosfágenos almacenados localmente.

Al escalar a esfuerzos agónicos que rondan la media hora, es la paralizante saturación de la acidez química la que bloquea los puentes musculares.

En travesías épicas que superan las dos horas, chocar contra el temido "muro" se desencadena por el dramático vaciamiento simultáneo del glucógeno orgánico, induciendo una hipoglucemia crítica que compromete hasta el raciocinio y dispara niveles de serotonina causantes de una aplastante claudicación neurológica.

Resumen

Los mecanismos biológicos de producción energética jamás actúan de forma aislada e independiente. El organismo coordina fluidamente todas sus vías metabólicas de manera simultánea, adaptando el protagonismo de cada una según la intensidad física exigida.

A medida que la actividad física se prolonga cronológicamente, el cuerpo modifica su sustrato preferido. Para evitar un colapso prematuro, el sistema reduce progresivamente el consumo de glúcidos y aumenta significativamente la oxidación de lípidos.

El decaimiento del rendimiento deportivo surge por una multiplicidad de factores fisiológicos complejos. Dependiendo de la duración, el agotamiento puede derivarse de la acidez celular severa, vaciamiento de depósitos orgánicos o una profunda fatiga neurológica.


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