El Ciclo de Formación del Hábito
Señal, acción y retroalimentación positiva
La compleja arquitectura neurológica de cualquier costumbre arraigada se fundamenta de manera estricta en un bucle cerrado compuesto por tres elementos absolutamente inseparables.
Todo el ciclo inicia con una señal o detonante claro, un estímulo ambiental o interno que ordena directamente al cerebro activar el comportamiento automático sin cuestionamientos.
Inmediatamente a esta señal le sigue la acción o rutina en sí misma, que puede manifestarse de forma física, mental o emocional.
Finalmente, el proceso biológico culmina con una recompensa, un refuerzo bioquímico sumamente positivo que le confirma al sistema nervioso central que dicha secuencia de eventos merece ser recordada, almacenada y repetida en el futuro.
Diseñar deliberadamente nuevos bucles donde el premio final sea altamente satisfactorio resulta vital para lograr instaurar conductas permanentes que favorezcan activamente nuestra anhelada alteración corporal.
Enfocarse en una alteración por vez
El entusiasmo desmedido que suele acompañar los primeros días al comenzar un programa de reacondicionamiento empuja frecuentemente a los individuos a intentar modificar simultáneamente su estricta dieta, sus duras rutinas de entrenamiento y sus vitales horarios de descanso nocturno.
Esta sobrecarga masiva de nuevas exigencias colapsa rápidamente la capacidad biológica de adaptación del cerebro humano, resultando casi siempre en un abandono total a las pocas semanas de haber iniciado.
La ciencia conductual dictamina tajantemente que el verdadero éxito reside en el enfoque singular y absoluto.
Seleccionar una única alteración específica, como preparar meticulosamente las comidas la noche anterior, y concentrar toda la energía mental exclusivamente en ella hasta que se vuelva completamente automática, es el método más seguro, lógico y eficaz para construir cimientos sólidos y verdaderamente duraderos.
Identificación de activadores internos y externos
Para programar exitosamente el inicio de un nuevo comportamiento deseado, es estrictamente indispensable anclarlo de manera firme a activadores precisos, claros y recurrentes en nuestra vida.
Los detonantes externos provienen directamente de nuestro entorno físico inmediato, como puede ser el sonido estridente de una alarma matutina o la disposición visual estratégica de las zapatillas deportivas justo junto a la cama.
Por otro lado, los activadores internos responden directamente a estados fisiológicos o picos emocionales, como decidir realizar ejercicios de respiración profunda al sentir el primer indicio de tensión laboral.
Seleccionar señales evidentes que ocurran infaliblemente todos y cada uno de los días garantiza que el individuo jamás olvide ejecutar su nueva tarea programada.
Un activador fuerte y muy clar
el ciclo de formacion del habito