Armonizar vs. Comprometerse
La falacia del sacrificio equitativo
En el vocabulario tradicional de las relaciones, la palabra "compromiso" (entendida como ceder o hacer concesiones) se ha elevado a la categoría de virtud suprema.
Se nos dice que para que una pareja funcione, ambos deben renunciar a una parte de lo que desean para encontrarse en un punto medio gris.
Sin embargo, esta filosofía tiene un defecto estructural grave: si cada vez que hay una discrepancia, uno o ambos deben actuar en contra de su voluntad o naturaleza, se establece un precedente de auto-abandono.
Cada vez que alguien silencia sus deseos auténticos para complacer al otro por miedo al conflicto o al rechazo, se siembra una semilla de resentimiento.
Con el tiempo, la acumulación de estas "pequeñas renuncias" crea una deuda emocional impagable, donde las personas sienten que han perdido su identidad en aras de la paz conyugal.
Imaginemos una situación donde a uno le apasiona la ópera y al otro le fascina el heavy metal.
La solución del "compromiso" sería que ambos asistieran a un concierto de pop que a ninguno le gusta realmente, o que se turnaran para sufrir en el evento del otro con mala actitud.
En este escenario, nadie gana realmente; ambos pierden la oportunidad de disfrutar plenamente o uno gana a costa del sufrimiento del otro.
Esta dinámica de "perder-perder" o "ganar-perder" desequilibra la relación, ya que perpetúa la idea de que para ser amado hay que dejar de ser uno mismo.
La sostenibilidad de la pareja depende de erradicar la obligación de sufrir por compañía.
La ingeniería de puentes y la armonización
La alternativa saludable es el arte de "armonizar" y construir puentes. Armonizar significa encontrar una manera de que las notas diferentes de cada individuo suenen bien juntas sin que ninguna tenga que cambiar su tono.
Se basa en la premisa de que el bienestar de la pareja es prioritario, y que amar a alguien implica querer que esa persona prospere y disfrute, no que se sacrifique.
Si hay intereses divergentes, la solución no es la renuncia, sino la creatividad logística para que ambos puedan satisfacer sus necesidades sin imponerlas al otro.
Retomando un ejemplo de actividad física: supongamos que un miembro de la pareja es un ciclista de alta velocidad que necesita intensidad para liberar estrés, mientras que el otro prefiere caminatas contemplativas para relajarse.
En lugar de obligarse a ir juntos al mismo ritmo (lo que frustraría al ciclista y agotaría al caminante), pueden armonizar yendo al mismo parque juntos.
Inician la actividad con un calentamiento conjunto, se separan para realizar su ejercicio preferido al ritmo que sus cuerpos piden, y se reencuentran al final para el enfriamiento y compartir la experiencia.
De esta
armonizar vs comprometerse