Admiración y Cariño
El antídoto contra el desprecio
Uno de los cuatro jinetes del apocalipsis relacional, y el más predictivo de divorcio, es el desprecio.
El antídoto directo y más potente contra este veneno es el cultivo activo de una cultura de admiración y cariño.
En las relaciones deterioradas, la mente desarrolla un hábito de "escaneo negativo": busca constantemente errores, defectos y fallas en el otro para confirmar una visión crítica.
Para revertir esto, es necesario entrenar la mente para realizar un "escaneo positivo", buscando activamente las cosas que la pareja hace bien y las cualidades que aún posee, aunque estén enterradas bajo capas de rutina. Una estrategia efectiva es recordar y verbalizar la historia del origen de la pareja.
Al rememorar qué fue lo que nos atrajo inicialmente, cómo nos conocimos y los obstáculos que superamos juntos, reactivamos los circuitos neuronales asociados con el afecto y el respeto.
Las parejas que pueden contar su historia con calidez y humor, incluso si están pasando por un mal momento, tienen un pronóstico mucho mejor que aquellas que recuerdan su pasado con amargura o indiferencia.
Recordar por qué elegimos a esa persona nos ayuda a verla nuevamente como un ser valioso y digno de respeto, no solo como un compañero de piso molesto.
La práctica deliberada de la gratitud
La admiración no debe quedarse en el pensamiento; debe expresarse. Un ejercicio poderoso es escribir diariamente tres cosas específicas que apreciamos de nuestra pareja.
No tienen que ser hazañas heroicas; pueden ser detalles como "gracias por hacer el café esta mañana" o "admiro cómo manejaste esa situación difícil con los niños".
Al escribirlo y comunicarlo, cambiamos nuestro propio estado emocional y, simultáneamente, hacemos que el otro se sienta valorado.
Es difícil sentir desprecio por alguien a quien acabas de agradecer sinceramente. Además, es crucial evitar la crítica pública y fomentar el elogio social.
Hablar bien de nuestra pareja frente a otros no solo refuerza su autoestima, sino que solidifica nuestro propio compromiso y visión positiva. Cuando nos enfocamos en las virtudes, estas tienden a expandirse.
Si, por el contrario, nos obsesionamos con los defectos, estos eclipsarán todo lo bueno.
La decisión de admirar es un acto de voluntad: elegimos poner el foco en la ge
admiracion y carino