Impulsos nerviosos y control del metabolismo general
El centro de recompensa y su impacto en la disciplina
La constancia atlética tiene raíces neurológicas profundas. En el interior del cráneo, existe un transmisor químico encargado de dictar el grado de motivación, la percepción del éxito y la sensación de euforia.
Cada vez que un individuo completa una sesión de entrenamiento y percibe un progreso, se libera un torrente de este compuesto, reforzando mentalmente la conducta para que desee ser repetida.
Además de fungir como un antidepresivo natural formidable, esta sustancia asiste en el bloqueo de los antojos desmesurados por comida basura y agudiza la atención durante movimientos físicos complejos.
En otro frente orgánico, el tracto digestivo vacío emite su propio mensajero químico, responsable de encender el instinto primitivo de alimentación.
Curiosamente, este mismo inductor del hambre posee la fascinante capacidad secundaria de estimular la secreción cerebral de agentes constructores de tejidos.
Glándula principal en la termogénesis celular
Situada en el eje anterior del cuello, se halla una pequeña estructura glandular que rige la velocidad a la que opera el motor humano completo.
Las sustancias químicas que produce viajan a prácticamente cada tejido biológico, dictaminando con exactitud la tasa de consumo calórico en reposo.
Si la producción de estos mediadores es óptima, el organismo oxida velozmente la energía, favoreciendo constituciones magras y dinámicas.
Adicionalmente, estos agentes modulan la maduración de los tejidos durante las etapas de desarrollo y supervisan variables vitales como el pulso cardíaco y la presión dentro del lecho vascular.
La termorregulación, es decir, la capacidad biológica de generar y dispersar calor corporal, depende de forma absoluta de este delicado equilibrio glandular.
Resumen
El neurotransmisor del placer rige la motivación atlética y el bienestar mental. Su liberación constante tras realizar esfu
impulsos nerviosos y control del metabolismo general