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5.5. La práctica como herramienta para el desarrollo de habilidades

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Ya sea aprendiendo a tocar un instrumento musical o perfeccionando habilidades deportivas, el camino hacia la maestría implica la repetición constante de las acciones, especialmente cuando se trata de tareas nuevas o desafiantes. En el contexto del coaching de liderazgo y trabajo en equipo, se reconoce que la perfección se alcanza a través de la práctica constante y deliberada.

El desarrollo de habilidades no ocurre de la noche a la mañana, sino que requiere un compromiso constante con la práctica. Esto implica superar la tendencia natural a etiquetar a las personas y en su lugar enfocarse en describir los comportamientos específicos que se buscan mejorar.

El proceso de desarrollo de habilidades implica identificar tanto los componentes técnicos como los resultados deseados. Por ejemplo, en el liderazgo de equipos, una habilidad crucial es liderar una lluvia de ideas efectiva para la resolución de problemas. Al desglosar esta habilidad en comportamientos específicos, se pueden identificar las acciones precisas que conducen a una lluvia de ideas exitosa.

Esta técnica puede servir por ejemplo para definir un problema, para identificar sus causas, y para encontrar soluciones. El comportamiento de un buen facilitador es el siguiente:

  • Verificar que siempre exista un consenso entre los participantes en cada paso.
  • Reconocer a todos los participantes y motivarlos a que participen.
  • Escuchar y apuntar todas las ideas sin juzgarlas.
  • Cuidar que el resto del equipo tampoco juzgue a los demás y responda a esas ideas de manera constructiva.

Esta es una habilidad, un conjunto de comportamientos en los que el líder puede trabajar hasta que dominen la configuración pero es importante la retroalimentación en cada paso.
La práctica no solo implica la repetición de comportamientos, sino también el proceso de adquisición y automatización. A medida que los comportamientos se practican repetidamente, se vuelven más fluidos y automáticos, permitiendo un rendimiento sin esfuerzo.

El proceso de cambio de comportamiento es esencial para el desarrollo de habilidades. Cada comportamiento identificado y practicado forma parte de una cadena que conduce a la maestría en la habilidad deseada.

El flujo y la automatización de comportamientos vienen con la práctica continua y consciente. A medida que los individuos practican y encadenan comportamientos, se crea una sinergia dentro del equipo, permitiendo que todos trabajen en conjunto de manera intuitiva y efectiva.
La práctica constante no solo conduce al desarrollo de habilidades individuales, sino que también contribuye al cambio cultural y al fortalecimiento de la cultura organizacional.

Aquí se exploran los aspectos clave de cómo la práctica se convierte en una herramienta efectiva para el desarrollo:

  • Aplicación realista: la práctica debe ser lo más realista posible, simulando situaciones reales en las que los miembros del equipo se enfrentan. Esto ayuda a desarrollar habilidades que son aplicables en el entorno laboral. La práctica permite la integración efectiva entre el aprendizaje teórico y la acción práctica.
  • Repetición y refinamiento: la repetición es esencial para el aprendizaje. A través de la práctica repetida, los miembros del equipo pueden perfeccionar sus habilidades y mejorar su desempeño con el tiempo. La práctica no se limita a un solo evento, sino que se integra en la rutina.
  • Feedback continuo: la práctica ofrece oportunidades para recibir feedback y retroalimentación sobre el desempeño. Esta información es valiosa para identificar áreas de mejora y ajustar enfoques.
  • Aprendizaje a través de errores: la práctica permite a los miembros del equipo cometer errores en un entorno controlado. Estos errores se convierten en oportunidades de aprendizaje y crecimiento.
  • Transferencia de aprendizaje: la práctica facilita la transferencia de aprendizaje del entorno de entrenamiento al lugar de trabajo real. Los miembros del equipo pueden aplicar lo que han practicado de manera efectiva.
  • Desarrollo de nuevos hábitos: la práctica constante puede ayudar a establecer nuevos hábitos y comportamientos. A medida que los miembros del equipo practican, estos comportamientos se vuelven naturales.
  • Autoconfianza y autoeficacia: a través de la práctica, los miembros del equipo pueden construir autoconfianza y autoeficacia al ver mejoras tangibles en su desempeño.
  • Experimentación y creatividad: la práctica brinda la oportunidad de experimentar y probar diferentes enfoques y soluciones. Esto fomenta la creatividad y la innovación.

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