El Coachee Adulto y Maduro: Características Clave
Madurez Psicológica en la Edad Adulta
Dentro de la heterogeneidad de las personas, la edad adulta suele vincularse conceptualmente con la madurez psicológica.
Sin embargo, la madurez no es simplemente una cuestión de edad cronológica, sino un conjunto de características y capacidades desarrolladas.
Un autor (Fierro, según la fuente original, aunque no mencionaremos el nombre) defiende que un adulto puede considerarse psicológicamente maduro cuando cumple una serie de criterios que reflejan estabilidad, autoconciencia, adaptabilidad y una gestión proactiva de la propia vida.
Estas características son relevantes en el contexto del coaching, ya que un coachee con mayor madurez psicológica suele estar mejor preparado para el proceso de autodescubrimiento y cambio.
Estabilidad, Coherencia y Adaptabilidad
Una persona madura tiende a ser relativamente estable y coherente en su comportamiento a lo largo del tiempo. Sus acciones no son erráticas, sino que reflejan un patrón reconocible.
No obstante, esta estabilidad no implica rigidez; también es capaz de adaptar su comportamiento a los cambios del entorno o a nuevas circunstancias.
Además, como resultado de un proceso de desarrollo a lo largo de los años y la experiencia, se ha diferenciado de otras personas, configurándose como un individuo singular y único.
Autoconocimiento y Autorregulación
La madurez implica un autoconocimiento realista. La persona se conoce, se percibe y se valora a sí misma de manera ajustada, sin graves distorsiones en su autoconcepto. Es capaz de reconocer tanto sus fortalezas como sus debilidades.
Ligado a esto, realiza acciones autorreferidas y autorreguladoras en grado suficiente para alcanzar, con cierta eficacia, cierto control sobre su propia vida.
No es un mero espectador pasivo, sino que interviene activamente en la dirección de su existencia.
Toma de Decisiones, Adaptación y Resiliencia
Un adulto maduro es capaz de tomar decisiones razonables que son relevantes para sí mismo, incluso en condiciones de incertidumbre. No se paraliza ante la falta de certezas absolutas.
Muestra una doble capacidad adaptativa: se adapta a las situaciones y circunstancias externas, pero a la vez actúa para adaptar esas situaciones a sus propias necesidades.
Además, demuestra resiliencia al ser capaz de afrontar los acontecimientos adversos que le afectan y las situaciones complejas que se le presentan.
Discernimiento, Acción Significativa y Sabiduría Vital
La persona madura sabe discernir cuándo está indefensa y depende de fuerzas externas, y cuándo no lo está, reconociendo las circunstancias que sí tiene, al menos en parte, bajo su control. No cae ni en la omnipotencia ni en la impotencia total.
Transforma la activación biológica (impulsos, energía) en actividad ordenada y significativa, no en un mero activismo sin propósito.
Se guía por la sabiduría de vida, reconociendo lo necesario dentro de una jerarquía de necesidades ajustada a la razón.
Patrones Abiertos y Autocuidado
Finalmente, el
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