Motivación Intrínseca vs. Extrínseca
La naturaleza multidimensional del impulso
En el análisis del comportamiento atlético, la motivación no puede entenderse como una simple línea recta de "ganas" o energía.
Es un fenómeno complejo y multidimensional que define la dirección, la intensidad y, sobre todo, la persistencia del esfuerzo del deportista a lo largo del tiempo.
En la práctica del coaching deportivo, resulta crucial establecer una distinción operativa clara entre los estímulos que provienen del entorno (extrínsecos) y los motores que residen en el interior del individuo (intrínsecos).
Esta diferenciación no es académica, sino práctica, pues determina la sostenibilidad de la carrera deportiva.
Mientras que la motivación extrínseca se alimenta de recompensas externas tangibles o sociales —como el dinero, la fama, los trofeos o el reconocimiento público—, la motivación intrínseca nace de una fuente mucho más profunda y personal
La fragilidad de los estímulos externos
Los motivadores externos pueden ser herramientas muy potentes para iniciar una conducta o para momentos puntuales de máxima exigencia.
Sin embargo, presentan una debilidad estructural significativa: son extremadamente frágiles ante la adversidad.
Si un atleta compite impulsado únicamente por el deseo de mantener un estatus en el ranking o por conseguir un contrato publicitario, su estructura emocional corre el riesgo de colapsar cuando esos premios desaparecen o se retrasan.
Imaginemos a un ciclista que solo pedalea para subir al podio; si atraviesa una temporada de malos resultados, su "combustible" se agota, dejándolo vacío y vulnerable al abandono.
La dependencia excesiva de la validación externa crea una identidad quebradiza que se desmorona cuando el aplauso cesa
El motor inagotable del propósito interno
Por el contrario, la motivación intrínseca surge del placer inherente a la actividad misma, de la curiosidad técnica y del deseo genuino de autosuperación.
El rol del coach consiste en reconectar al deportista con su "para qué" original, con esa chispa primigenia que le llevó a practicar deporte antes de que existieran las medallas.
Cuando un escalador se enfrenta a la pared no por la foto en la cima, sino por la búsqueda de la fluidez perfecta en cada agarre y por el desafío íntimo de superar sus propios límites, está accediendo a una fuente de energía prácticamente inagotable.
El coaching trabaja para que el atleta identifique y blinde estos valores nucleares, asegurando que el motor principal sea interno.
Esto permite integrar los premios externos como consecuencias agradables, pero no como la causa final del esfuerzo, evitando así que la presión competitiva destruya el amor por el juego
Resumen
La motivación es un fenómeno complejo que define la dirección y persistencia del esfuerzo. Es crucial distinguir entre estímulos del entorno y los motores que residen internamente.
Los motivadores externos, como trofeos o fama, son herramientas potentes pero estructuralmente frágiles. Si el premio desaparece, la estructura emocional del atleta colapsa, volviéndolo vulnerable al abandono deportivo.
La motivación intrínseca nace del placer por la actividad y el deseo de autosuperación. El coach reconecta al deportista con su propósito original para asegurar un compromiso inquebrantable.
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