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Código Ético y Confidencialidad


La integridad como cimiento de la profesión

El ejercicio del coaching deportivo no se sostiene únicamente sobre herramientas técnicas o conocimientos psicológicos, sino sobre una base ética inquebrantable.

El principio fundamental que rige toda intervención es que el bienestar integral del deportista siempre debe primar sobre cualquier resultado competitivo, medalla o interés del club.

La integridad del coach se manifiesta en la honestidad radical respecto a sus propias cualificaciones y los límites de su metodología.

Es imperativo evitar la generación de falsas expectativas o la promesa de resultados garantizados, ya que el rendimiento deportivo es multifactorial y depende de variables que escapan al control directo del proceso de coaching.

El respeto hacia el atleta implica reconocer su autonomía absoluta; el coach no impone su visión del mundo ni manipula emocionalmente para lograr la obediencia, sino que facilita que el deportista encuentre su propio camino hacia la excelencia desde la libertad de elección

La confidencialidad: La piedra angular de la confianza

La relación entre coach y deportista es sagrada y se basa en un contrato implícito y explícito de confidencialidad.

Para que el proceso funcione, el atleta debe tener la certeza absoluta de que el "espacio de coaching" es un búnker seguro.

Todo lo que se comparte en sesión —miedos, inseguridades, críticas al entorno, dudas existenciales— debe permanecer en el ámbito privado y no puede ser compartido con entrenadores, directivos, prensa o familiares sin el consentimiento expreso del cliente.

Esta regla de oro solo admite una excepción ética y legal: cuando existe un riesgo inminente para la vida o la integridad física del deportista o de terceros.

Sin esta garantía de secreto, el deportista nunca se quitará la máscara social para trabajar sus verdaderos bloqueos internos

Gestión de la información en equipos multidisciplinares

El desafío ético se intensifica en los deportes de equipo o cuando el coach forma parte de un staff técnico contratado por un club.

Aquí surge el dilema de la doble lealtad: ¿a quién me debo, al jugador que se abre conmigo o al club que paga mi factura? Un código ético robusto establece protocolos de comunicación claros desde el inicio de la relación laboral.

Se debe definir con precisión qué tipo de información es reportable a la dirección (por ejemplo: asistencia, nivel de compromiso general, cumplimiento de objetivos) y qué información pertenece a la esfera íntima y está protegida (conflictos personales, confesiones de debilidad).

Navegar esta frontera con transparencia protege al coach de ser visto como un "espía" de la directiva y preserva la alianza terapéutica con el deportista, que es el verdadero motor del cambio

Resumen

El ejercicio del coaching se sostiene sobre una base ética donde el bienestar integral del deportista prima ante cualquier resultado. La integridad exige honestidad sobre límites metodológicos.

La confidencialidad es la piedra angular para que el atleta trabaje sus bloqueos en un búnker seguro. Sin consentimiento, la información privada jamás debe compartirse con terceros.

En equipos multidisciplinares, deben existir protocolos de comunicación claros sobre qué información es reportable. Navegar esta frontera con total transparencia protege la alianza estratégica con el deportista.


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