El abismo de la especialización
Desgaste derivado de la disparidad de conocimiento
Cuando los trabajadores de una corporación acumulan muchos meses o largos años desempeñando la misma función, adquieren un nivel de pericia sumamente elevado en su área.
Por el contrario, quienes adquieren los bienes o contratan los servicios suelen enfrentarse a los procedimientos por primera vez, asumiendo el rol inevitable de novatos absolutos.
Esta enorme y natural disparidad de conocimientos suele originar un fenómeno psicológico muy perjudicial: el experto comienza a mirar con desdén al inexperto.
Es una experiencia humana bastante habitual caer en la trampa de considerar que las preguntas formuladas por el público son absurdas o carentes de inteligencia.
Modificando el caso original, imaginemos a un analista de sistemas que debe explicar diariamente cómo encender un monitor; tras repetir la misma indicación decenas de veces, la fatiga mental corrompe su paciencia.
Si no existe una autodisciplina férrea, esta frustración se transformará rápidamente en actitudes despectivas, dañando la imagen institucional y creando una barrera de comunicación insalvable que alejará definitivamente a cualquier individuo que simplemente requería un poco de orientación básica.
Autoeva luación para erradicar actitudes despectivas no deliberadas
Para erradicar esta toxicidad, los profesionales deben vigilar estrictamente sus propias reacciones y las de su entorno corporativo.
En muchas oficinas es común escuchar a colegas desahogándose y criticando duramente las equivocaciones ingenuas que cometen los usuarios.
Resulta imperativo no participar ni fomentar este tipo de conversaciones destructivas.
Si bien es necesario brindar apoyo moral a un compañero que ha tenido un día difícil, jamás debemos cruzar la línea que valida o aplaude el menosprecio hacia quienes nos dan trabajo.
La clave para revertir este desgaste radica en reprogramar nuestro diálogo interno antes de cada jornada.
Al fijarnos la meta inquebrantable de maravillar a cada persona que atendemos, nuestra mentalidad cambia drásticamente.
Comprometernos con la excelencia activa los mecanismos cerebrales vinculados a la satisfacción personal.
Cuando logramos deleitar a alguien, el esfuerzo se percibe mucho más ligero, la irritabilidad de
el abismo de la especializacion