Mantener la atención
Renovación de estímulos cada 3 minutos
La neurociencia aplicada a la educación sugiere que la atención humana es un recurso finito y cíclico.
En un entorno moderno saturado de distracciones, el cerebro tiende a desconectarse si el estímulo se vuelve predecible.
Para combatir esto, el orador debe diseñar su presentación como una serie de "micro-eventos", introduciendo un cambio significativo cada pocos minutos (idealmente cada 3 minutos aproximadamente).
Esta renovación de estímulos puede adoptar muchas formas: cambiar el tono de voz, moverse a otra zona del escenario, lanzar una pregunta, proyectar una imagen impactante o contar una anécdota breve.
El objetivo es "resetear" el reloj de la atención, impidiendo que la audiencia entre en modo piloto automático.
La variedad es el antídoto contra el aburrimiento y la garantía de que el mensaje se mantendrá vivo durante toda la exposición.
Interactuar y hacer preguntas durante el desarrollo
La comunicación unidireccional es frágil; la bidireccional es robusta. Para mantener a la audiencia enganchada, es necesario romper la cuarta pared y hacerles partícipes. Esto se logra mediante la interacción constante.
No es necesario esperar al final para dialogar; se pueden intercalar preguntas directas o retóricas a lo largo del desarrollo para verificar la comprensión o provocar la reflexión.
Invitar a un voluntario al escenario, pedir que levanten la mano quienes estén de acuerdo con una premisa o solicitar que completen una frase son técnicas que transforman a los espectadores pasivos en colaboradores activos.
Esta dinámica mantiene el nivel de alerta alto, ya que nadie quiere ser sorprendido distraído, y fomenta un sentido de comunidad y co-creación del apr
mantener la atencion