Interpretación de textos
Comprender antes de leer para transmitir emoción
La lectura pública no consiste en transformar grafemas en fonemas de manera mecánica; es un acto de traducción emocional.
Un error común es abordar un texto desconocido y comenzar a vocalizarlo sin haber descifrado su "alma".
Si el orador no entiende profundamente lo que está diciendo, no podrá hacer que la audiencia sienta nada.
La regla fundamental de la interpretación es que la comprensión intelectual precede a la expresión vocal.
Antes de leer en voz alta, se debe realizar una lectura silenciosa de análisis para identificar la intención del autor, el tono (¿es irónico, solemne, alegre?) y el objetivo del mensaje.
Solo cuando el lector ha internalizado el significado, puede colorear su voz con la emoción adecuada. Es como un músico que estudia la partitura antes de tocar la primera nota.
Si el texto habla de tristeza, la voz debe "vestirse" de melancolía; si habla de triunfo, debe vibrar con energía.
Sin esta conexión interna, la lectura suena "leída" y artificial, no "contada" y vivida.
El texto como partitura emocional
Para facilitar esta transmisión de sentimientos, se puede utilizar la técnica de dividir el texto en unidades de sentido o "bloques emocionales".
En lugar de ver párrafos interminables, el orador debe identificar dónde cambia la emoción.
Un mismo discurso puede pasar de la indignación a la esperanza en dos líneas. Marcar estos cambios en el papel permite preparar la voz para la transición.
La interpretación requiere compromiso. No basta con entender las palabras; hay que creer en ellas mientras se pronuncian.
El lector actúa como un médium que presta su cuerpo y su voz para que el texto cobre vida. Si el orador se mantiene distante o neutral, el mensaje llega frío.
La calidez y la autenticidad surgen cuando se rompe la barrera del papel y
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