Cuándo aceptar preguntas
Durante la charla vs. al final
La estructura temporal de la sesión de preguntas y respuestas (Q&A) no debe dejarse al azar; es una decisión estratégica que define la dinámica de la presentación.
El orador debe determinar de antemano si permitirá interrupciones durante su exposición o si reservará un bloque exclusivo al cierre.
Permitir preguntas durante la presentación fomenta un ambiente de diálogo y mantiene a la audiencia activa, pero conlleva el riesgo de fragmentar el discurso y perder el control del tiempo.
Si se opta por este modelo, es crucial establecer reglas claras, como solicitar que los asistentes levanten la mano y esperen a ser cedidos la palabra para mantener el orden.
Por otro lado, realizar el Q&A al final garantiza que el orador pueda entregar todo su contenido sin desviaciones.
Sin embargo, puede provocar que las dudas puntuales se olviden o pierdan contexto.
Para mitigar esto, se puede instruir a la audiencia al inicio para que anoten sus inquietudes a medida que surjan, asegurando que el bloque final sea rico y fluido.
Una estrategia intermedia para grupos grandes es agrupar preguntas temáticas o seleccionar las más relevantes previamente si se han recogido por escrito, optimizando así la gestión del tiempo.
Estrategias para romper el hielo
Es frecuente enfrentarse a un "silencio incómodo" cuando se abre el turno de preguntas; el primer interrogante es siempre el más difícil de conseguir debido a la timidez colectiva. Si nadie se anima, el orador no debe permitir que la energía decaiga.
Una técnica efectiva es la "auto-pregunta": el ponente puede mencionar que, durante el descanso o en sesiones anteriores, alguien le planteó una duda interesante, y proceder a responderla él mismo.
Esto valida el proceso de preguntar y da tiempo a que el público formule sus propias cuestiones.
Otra táctica es tener preguntas "sembradas" entre colaboradores o asistentes de confianza para que rompan el hielo inicial.
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