Cierre con Cita
Terminar con una frase poderosa de un referente
Finalizar una intervención con una cita célebre es una técnica clásica que aporta un sello de distinción y profundidad.
Al igual que en la apertura, utilizar las palabras de una figura histórica reconocida, un filósofo o un líder de opinión permite al orador "pedir prestada" la autoridad y el peso emocional de dicho personaje para reforzar su propia conclusión.
Esta estrategia es especialmente útil cuando se busca un final inspirador o solemne.
Una buena cita tiene la capacidad de encapsular la esencia de todo el discurso en una sola sentencia brillante y pulida por el tiempo.
Por ejemplo, si la charla ha tratado sobre la importancia de la innovación frente al miedo al fracaso, cerrar con una frase lapidaria de un inventor famoso sobre el error como parte del aprendizaje resonará con una fuerza que quizás las palabras propias del orador no alcanzarían.
Selección y adecuación de la cita
La clave para que este cierre no parezca un cliché o un adorno superficial reside en la selección adecuada.
La cita debe estar íntimamente ligada al mensaje central; no puede ser una frase bonita lanzada al azar.
Además, el orador debe asegurarse de que la figura citada sea respetada y conocida por la audiencia para evitar confusiones o rechazo.
Es posible tener preparada una batería de citas, pero elegir la definitiva en función de cómo se ha desarrollado la energía de la sala.
A veces, una cita puede servir para resumir, otras para provocar y otras para consolar.
El orador puede leerla textualmente o, mejor aún, recitarla de memoria con la entonación adecuada, dándole un peso dramático.
Al pronunciar la cita y luego guardar silencio, se permite que esas palabras ajenas pero apropiadas resuenen en el aire, otorgando al final un aire de sabidurí
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