Vínculos entre Trastornos Mentales y Crimen
Esquizofrenia y riesgo de violencia: Mitos y realidades
La relación entre la esquizofrenia y la violencia está frecuentemente distorsionada por la representación mediática, que tiende a equiparar enfermedad mental grave con peligrosidad inminente. La realidad clínica es más matizada.
La esquizofrenia es una condición crónica que altera el pensamiento y la percepción, manifestándose a través de delirios (creencias falsas) y alucinaciones (percepciones sin estímulo externo).
Aunque existe un riesgo estadísticamente mayor de conducta violenta en comparación con la población general; algunos estudios sugieren una probabilidad de cuatro a seis veces mayor; es fundamental contextualizar este dato.
La inmensa mayoría de las personas con este diagnóstico no cometen delitos ni son agresivas; por el contrario, suelen ser retraídas y vulnerables.
Cuando ocurre un acto delictivo, a menudo está directamente relacionado con la sintomatología activa no tratada, como obedecer a "voces" de mando o reaccionar ante una amenaza paranoide percibida.
Por ello, el tratamiento farmacológico temprano y la adherencia a la medicación antipsicótica reducen drásticamente la posibilidad de infracciones.
Además, es mucho más probable que estos individuos se autolesionen a que dañen a terceros.
Trastorno Bipolar y su relación con actos delictivos
El trastorno bipolar se caracteriza por fluctuaciones extremas del estado de ánimo, oscilando entre la manía (euforia, energía desbordante) y la depresión profunda.
La conexión con la conducta criminal suele manifestarse durante los episodios maníacos o mixtos.
En estas fases, el individuo experimenta una impulsividad severa, grandiosidad y una disminución de la necesidad de sueño, lo que puede llevar a comportamientos de riesgo y juicios erróneos.
Imaginemos a alguien que, en un estado de euforia incontrolable, decide apropiarse de bienes ajenos creyendo que tiene derecho divino sobre ellos o se involucra en una pelea por una irritabilidad explosiva.
Las investigaciones indican una sobrerrepresentación de pacientes bipolares en el sistema judicial en comparación con la población general, vinculada a delitos como robos o asaltos.
Sin embargo, al igual que con la esquizofrenia, el riesgo de violencia se dispara significativamente cuando existe comorbilidad con el abuso de sustancias o trastornos de personalidad límite, y el riesgo de suicidio sigue siendo una preocupación mayor que la violencia interpersonal.
El rol del abuso de sustancias en la agresión
El consumo de tóxicos actúa como un potente catalizador de la conducta violenta, independientemente de la presencia de otros trastornos mentales.
El alcohol y las drogas impactan directamente en el sistema nervioso central, erosionando el autocontrol y la capacidad de toma de decisiones.
En un estado alterado, la interpretación de las señales sociales se distorsiona; un empujón accidental en un bar puede ser percibido como una amenaza mortal, desencadenando una respuesta desproporcionada.
Las estadísticas revelan que la intoxicación etílica está presente en una proporción significativa de delitos violentos, incluyendo agresiones físicas y violencia doméstica.
Por otro lado, ciertas drogas estimulantes, como las anfetaminas o la cocaína, inducen estados de paranoia y agitación psicomotriz que predisponen a la agresión proactiva.
En el contexto del homicidio, por ejemplo, es frecuente encontrar que tanto el perpetrador como la víctima estaban bajo la influencia de sustancias, lo que subraya cómo el abuso químico "lubrica" los mecanismos de la violencia.
Resumen
La relación entre enfermedad mental y violencia es matizada; aunque la esquizofrenia y el trastorno bipolar aumentan estadísticamente el riesgo, la mayoría de pacientes no son agresivos. La delincuencia suele vincularse específicamente a síntomas activos no tratados o fases maníacas.
El tratamiento farmacológico adecuado reduce drásticamente estas conductas, sugiriendo que el riesgo no es inherente a la persona. Sin embargo, la falta de adherencia médica y las crisis impulsivas pueden elevar la presencia de estos pacientes en el sistema judicial.
El abuso de sustancias actúa como el mayor catalizador de la agresión, erosionando el autocontrol y distorsionando la realidad. El consumo de tóxicos "lubrica" los mecanismos de la violencia, estando presente en una gran proporción de delitos violentos.
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