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Trastorno Paranoide de la Personalidad

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Trastorno Paranoide de la Personalidad


Criterios diagnósticos: Desconfianza y suspicacia generalizada

El rasgo nuclear que define este cuadro clínico es una desconfianza penetrante y una suspicacia injustificada hacia los demás, interpretando sus intenciones como malévolas.

Para su diagnóstico formal, esta actitud debe ser persistente, iniciar en la edad adulta temprana y manifestarse en diversos contextos, no limitándose a episodios aislados.

El individuo vive en un estado de hipervigilancia constante, escudriñando su entorno en busca de pruebas que confirmen sus temores infundados de ser explotado, dañado o engañado.

Se requieren al menos cuatro indicadores específicos para confirmar el diagnóstico.

Estos incluyen dudas injustificadas sobre la lealtad de amigos o socios y una reticencia marcada a confiar en otros por miedo a que la información se use en su contra.

Imaginemos a un empleado que se niega a compartir sus ideas en una reunión por la convicción de que sus compañeros plagiarán su trabajo para perjudicarlo, sin ninguna evidencia real.

Además, tienden a leer significados ocultos o degradantes en comentarios benignos; una simple mirada de un extraño en el transporte público puede ser interpretada como una amenaza velada o una burla.

Es frecuente también el rencor persistente y la percepción de ataques a su carácter que no son evidentes para los demás, reaccionando con ira o contraataques rápidos.

Finalmente, la sospecha recurrente sobre la fidelidad de la pareja, sin justificación, es un síntoma clásico.

Epidemiología y comorbilidad asociada

En términos de preva lencia, los estudios sitúan este trastorno entre el 2% y el 4.4% de la población general, siendo más frecuentemente diagnosticado en hombres.

Existe una correlación genética significativa, observándose una mayor incidencia en familiares de personas con esquizofrenia o trastorno delirante, lo que sugiere un vínculo biológico dentro del espectro esquizofrénico. La comorbilidad es alta y compleja.

Debido a la tensión constante de vivir en alerta, estos pacientes son propensos a sufrir episodios psicóticos breves (de minutos u horas) en respuesta al estrés intenso.

Asimismo, presentan un riesgo elevado de desarrollar trastornos depresivos mayores, agorafobia y trastorno obsesivo-compulsivo.

En relación con otros trastornos de la personalidad, es frecuente su solapamiento con el esquizotípico, esquizoide, narcisista y límite, compartiendo con ellos características de aislamiento y dificultades interpersonales severas.

Abordaje terapéutico y manejo de la desconfianza

El tratamiento representa un desafío mayor debido a la naturaleza misma del trastorno: la desconfianza.

Rara vez acuden a consulta por voluntad propia; suelen hacerlo presionados por familiares o por problemas derivados de su conducta hostil.

El objetivo primordial del terapeuta no es confrontar sus delirios inicialmente, sino establecer una alianza de trabajo basada en la aceptación abierta de su desconfianza, sin presionarlos.

La terapia debe ser clara, coherente y predecible para evitar alimentar sus sospechas.

Se busca incrementar su sensación de autoeficacia y control, permitiéndoles gestionar ciertos aspectos de las sesiones.

A nivel cognitivo, se trabaja en la reestructuración de esquemas de pensamiento disfuncionales y en el entrenamiento de habilidades sociales para reducir la ansiedad interpersonal.

Farmacológicamente, aunque no hay un tratamiento específico de primera línea, se pueden emplear antipsicóticos a corto plazo para manejar la agitación o la ansiedad severa, siempre con precaución dada la suspicacia del paciente hacia la medicación.

Resumen

El rasgo nuclear de este trastorno es una desconfianza penetrante y suspicacia injustificada, donde el individuo interpreta las intenciones ajenas como malévolas, viviendo en un estado de hipervigilancia constante ante posibles amenazas.

Estos sujetos dudan de la lealtad de amigos sin pruebas, leen significados degradantes en comentarios benignos y guardan rencores persistentes, reaccionando con hostilidad rápida ante ataques percibidos contra su carácter.

El tratamiento es un desafío mayor debido a su desconfianza basal. La terapia busca establecer una alianza sin confrontar delirios inicialmente, mientras que el uso de antipsicóticos puede ayudar a manejar la ansiedad severa.


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