La Teoría Evolutiva de Theodore Millon
Polaridades básicas (Placer-Dolor, Activo-Pasivo, Yo-Otros)
Una de las perspectivas más influyentes para comprender la arquitectura de la personalidad se basa en un enfoque evolutivo, que sitúa el comportamiento humano en el mismo marco de supervivencia que rige a cualquier otra especie biológica.
Según este modelo, la personalidad no es un mero adorno psicológico, sino un mecanismo adaptativo diseñado para resolver cuatro grandes imperativos de la existencia: sobrevivir como individuo, adaptarse al nicho ecológico, reproducirse para perpetuar la especie y desarrollar la capacidad de planificación abstracta.
Para enfrentar estos desafíos, el teórico propone que la personalidad se organiza en torno a polaridades o ejes motivacionales fundamentales. La primera polaridad, vinculada a la Existencia, es el eje Placer-Dolor.
Aquí se juega la motivación básica: ¿buscamos activamente recompensas y mejoras en la vida (placer) o nos centramos prioritariamente en la evitación del daño y la amenaza (dolor)?.
La segunda polaridad se refiere a la Adaptación y define el estilo de afrontamiento: el eje Activo-Pasivo.
Un estilo pasivo tiende a acomodarse al entorno tal como es, buscando encajar, mientras que un estilo activo intenta modificar el entorno para que se ajuste a las necesidades propias. La tercera polaridad, relacionada con la Replicación, es el eje Yo-Otros.
Este conflicto define dónde invierte el individuo su energía vital: ¿se centra en la autopreservación y el beneficio propio (Yo) o se orienta hacia el cuidado y la protección de la prole y el grupo social (Otros)?.
Finalmente, existe una cuarta polaridad relacionada con la capacidad de Abstracción, que oscila entre el Pensamiento (razón) y el Sentimiento (emoción).
Los trastornos de la personalidad, bajo esta óptica, se entienden como soluciones evolutivas que, aunque intentan ser adaptativas, se vuelven rígidas y disfuncionales ante condiciones anormales.
Clasificación de personalidades según el déficit o conflicto
Utilizando estas polaridades como brújula, se pueden categorizar los trastornos según el tipo de fallo en la matriz evolutiva.
El primer grupo lo constituyen las personalidades con déficit de placer. Estos individuos, como aquellos con perfiles esquizoides o evitativos, presentan una incapacidad estructural para experimentar la alegría o la recompensa.
Imaginemos a alguien cuyo "termostato" emocional está roto, incapaz de sentir calidez o entusiasmo, viviendo en una anhedonia perpetua o en una hipersensibilidad al sufrimiento que les impide disfrutar.
El segundo grupo abarca las personalidades con desequilibrio interpersonal. Aquí, la balanza entre el Yo y los Otros está inclinada peligrosamente.
Por un lado, están quienes se vuelcan excesivamente en los demás, como los perfiles dependientes o histriónicos, que necesitan la validación externa como el aire para respirar, ya sea mediante la sumisión pasiva o la búsqueda activa de atención.
En el extremo opuesto, encontramos a los que se repliegan sobre sí mismos, como los narcisistas o antisociales, quienes buscan la gratificación exclusivamente en su propio ego o mediante la explotación ajena, desconfiando de la reciprocidad.
El tercer grupo describe a las personalidades con conflicto intrapsíquico. Estos sujetos viven en una guerra civil interna; sus motivaciones tiran en direcciones opuestas.
En el trastorno obsesivo-compulsivo, por ejemplo, existe una lucha entre la
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