Herramientas de Evaluación
La entrevista clínica estructurada
La piedra angular para el diagnóstico preciso de los trastornos de la personalidad suele ser la entrevista clínica estructurada.
El modelo de referencia más utilizado es el SCID (Entrevista Clínica Estructurada para el DSM), diseñada específicamente para eva luar la presencia de los criterios diagnósticos estandarizados.
La principal ventaja de este método es que permite al profesional una observación directa del paciente "en vivo", captando no solo lo que dice, sino cómo lo dice, su lenguaje no verbal y sus reacciones emocionales inmediatas.
Es una herramienta que sistematiza la recolección de información, reduciendo la variabilidad entre distintos eva luadores.
Cuestionarios y autoinformes (MCMI, MMPI, 16PF)
Para triangular la información obtenida en la entrevista, es habitual el uso de instrumentos psicométricos.
Entre los tests más relevantes para adultos figuran el 16PF (Cuestionario de 16 Factores de Personalidad), el MMPI (Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota) y el MCMI (Inventario Clínico Multiaxial de Millon), este último especialmente diseñado para detectar patrones de personalidad patológicos.
En el caso de adolescentes, donde el diagnóstico requiere mayor cautela, se utilizan adaptaciones específicas.
Por ejemplo, el Inventario Clínico para Adolescentes de Millon (MACI) o el MMPI-A están calibrados para esta población.
También se emplean herramientas como la Lista de Verificación de Psicopatía de Hare en su versión juvenil (PCL:YV) o el NEO-PI-R, que eva lúa los rasgos de personalidad basándose en el modelo de los cinco grandes factores.
Desafíos en el diagnóstico: Solapamiento y comorbilidad
El diagnóstico clínico enfrenta obstáculos significativos derivados de los sesgos cognitivos del propio eva luador.
Uno de los riesgos más frecuentes en la entrevista es el "efecto halo", que consiste en la generalización errónea de una característica positiva o negativa a toda la personalidad del paciente.
Por ejemplo, un terapeuta podría asumir inconscientemente que un paciente es emocionalmente estable y sincero simplemente porque se presenta bien vestido y tiene modales refinados, pasando por alto indicadores sutiles de patología. Asimismo, es común caer en el "error fundamental de atribución".
Este sesgo lleva al clínico a sobreestimar los factores internos (personalidad, carácter) para explicar la conducta del paciente, mientras subestima la influencia de factores situacionales o ambientales externos.
Estos errores de juicio pueden conducir a diagnósticos incorrectos o a la patologizació
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