Inventario y Clasificación de Competencias
Competencias cardinales, específicas y transversales
Para una gestión eficiente, las competencias deben organizarse en inventarios que faciliten su identificación y evaluación.
Las competencias cardinales son aquellas que deben poseer todos los miembros de la empresa, sin importar su nivel jerárquico, ya que representan los valores centrales de la marca.
Las competencias específicas se definen únicamente para ciertos grupos o departamentos en función de la naturaleza particular de sus tareas, como la precisión técnica en un ingeniero o la fuerza física en un operario.
Finalmente, las competencias transversales son comunes a la mayoría de las profesiones y se dividen en fases instrumentales (análisis y síntesis), personales (trabajo cooperativo) y sistémicas (liderazgo y visión estratégica), permitiendo al trabajador adaptarse a diversos entornos laborales.
El modelo del Iceberg en las competencias
El modelo del iceberg es una herramienta visual clave para comprender la profundidad del talento humano.
La parte visible del iceberg, situada sobre el agua, representa las habilidades y los conocimientos técnicos, que son los elementos más fáciles de identificar, medir y desarrollar mediante capacitación directa.
Sin embargo, la parte sumergida y más extensa contiene la motivación, el autoconcepto, los valores y los rasgos de personalidad profunda.
Estos factores ocultos son mucho más difíciles de detectar pero resultan determinantes para el desempeño a largo plazo.
Una evaluación integral debe trascender la punta del iceberg para entender qué impulsa realmente al trabajador, pues la conducta observable en la superficie es solo el reflejo de una estructura interna mucho más compleja.
Resumen
Las competencias se organizan en inventarios para facilitar su evaluación. Las cardinales representan valores centrales de la marca, mientras que las específicas dependen de la naturaleza del departamento.
Las transversales son comunes a varias profesiones e incluyen fases instrumentales, personales y sistémicas. Ayudan al trabajador a adaptarse a diversos entornos laborales de manera cooperativa y estratégica.
El modelo del iceberg ilustra que las habilidades técnicas son visibles, pero los valores y la personalidad están sumergidos. Estos factores ocultos determinan realmente el desempeño.
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