Tipos de Conflictos
La realidad de los problemas perpetuos
Una de las revelaciones más liberadoras en la ciencia de las relaciones es la distinción entre problemas resolubles y problemas perpetuos.
Investigaciones profundas, como las realizadas por el Instituto Gottman, indican que aproximadamente el 69% de los conflictos en una pareja son, de hecho, irresolubles.
Esto significa que la gran mayoría de las discusiones que tienen los cónyuges giran en torno a diferencias fundamentales de personalidad, valores o estilos de vida que no van a desaparecer.
Son como una condición crónica: no se curan, se gestionan. Intentar "resolver" estos problemas eliminando la diferencia es una receta para la frustración eterna y el agotamiento mutuo.
Imaginemos una pareja donde uno es extremadamente extrovertido, necesitando mucha interacción social para recargar energía, mientras que el otro es introvertido y requiere silencio y soledad para sentirse bien.
Discutir cada fin de semana intentando convencer al otro de que su forma de ser es la "correcta" es inútil.
El conflicto aquí no es un error a corregir, sino una diferencia a navegar. Estas parejas pueden volver a tener la misma discusión dentro de diez años.
El éxito no radica en que el introvertido se vuelva fiestero, sino en que ambos aprendan a dialogar sobre esta diferencia con humor y aceptación, sin intentar extirpar la esencia del otro.
Gestión de la diferencia vs. Solución del problema
El 31% restante de los conflictos son "situacionales" o resolubles. Estos se refieren a un evento específico, como quién saca la basura o dónde pasar la Navidad este año.
Sin embargo, el peligro reside en tratar los problemas perpetuos (el 69%) como si fueran situacionales.
Cuando hacemos esto, entramos en un "atasco" donde nos sentimos rechazados por nuestra pareja.
El objetivo con los problemas perpetuos no es la solución definitiva, sino el diálogo continuo.
Se trata de mover el conflicto de un estado de "atasco" doloroso a un estado de "diálogo" respetuoso. Aceptar que no habrá un consenso perfecto en todo nos permite relajarnos.
Podemos dejar de ver la diferencia como una amenaza o una señal de incompatibilidad fatal. En lugar de eso, adoptamos una postura de curiosidad y compromiso.
Aprendemos a hacer concesiones, a turnarnos y a validar la necesidad del otro aunque no la compartamos.
Si aceptamos que el conflicto es inevitable debido a nuestra individualidad única, podemos dejar de luchar contra la realidad y empezar a trabajar con ella.
La madurez relacional se demuestra al convivir pacíficamente con las discrepancias insolubles, permitiendo que ambos miembros sean auténticos sin que eso signifique el fin del vínculo.
RESUMEN
La mayoría de los conflictos matrimoniales son perpetuos y surgen de diferencias fundamentales de personalidad que no desaparecerán, por lo que intentar solucionarlos eliminando dichas diferencias es un esfuerzo inútil y agotador.
El éxito en la relación no depende de resolver todos los desacuerdos, sino de aprender a gestionar estas diferencias crónicas mediante el diálogo continuo, la aceptación y el humor, evitando el estancamiento.
Distinguir entre lo situacional y lo perpetuo permite a la pareja dejar de luchar contra la esencia del otro, fomentando un ambiente de validación donde las discrepancias coexisten sin amenazar la unión.
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