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La Invalidación Emocional

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La Invalidación Emocional


El ataque silencioso a la identidad y la percepción

La invalidación es un mecanismo insidioso que actúa como un disolvente del vínculo afectivo.

Consiste en desacreditar, minimizar o negar la experiencia interna del compañero, enviando el mensaje implícito o explícito de que sus sentimientos, pensamientos o percepciones son erróneos, exagerados o irrelevantes.

A diferencia de la crítica directa, la invalidación puede presentarse bajo el disfraz de la "lógica" o la "ayuda", lo que la hace aún más confusa y dañina para quien la recibe.

El efecto acumulativo es devastador: la persona invalidada comienza a dudar de su propia cordura y valor, lo que merma su autoestima y genera un resentimiento sordo.

Consideremos un ejemplo donde una persona expresa ansiedad por un conflicto con un amigo cercano.

La respuesta invalidante sería: "No es para tanto, siempre te tomas todo demasiado a pecho, deberías alegrarte de tener amigos".

Aunque pueda parecer un intento de animar, en realidad está dictando cómo debería sentirse la persona, negando cómo se siente realmente.

Otras formas más agresivas incluyen el sarcasmo, el desprecio o poner los ojos en blanco, comunicando que la experiencia del otro es ridícula o indigna de atención.

Cuando esto se vuelve crónico, la víctima aprende a esconder su verdadero ser para protegerse del juicio, levantando muros que impiden cualquier intimidad real.

Los expertos señalan que este patrón es uno de los predictores más fiables de infelicidad futura y ruptura.

La validación como antídoto y puente de conexión

La cura para este patrón tóxico es el arte de la validación. Validar no significa estar de acuerdo con la opinión del otro ni ceder ante sus demandas; significa reconocer y aceptar que su experiencia emocional es legítima desde su perspectiva. Es otorgar al otro el "derecho a sentir".

Cuando validamos, creamos un espacio de seguridad psicológica donde la pareja puede desahogarse y procesar sus emociones sin miedo a ser "corregida".

Esto requiere una escucha empática, donde el objetivo es comprender el mundo interior del otro, no debatirlo.

Siguiendo el ejemplo anterior, una respuesta validante sería: "Veo que esa discusión con tu amigo te ha dejado muy preocupado, debe ser duro sentir que esa amistad está en riesgo".

Note la diferencia: no se resuelve el problema, pero se acompaña en el sentimiento.

Esta actitud desarma la defensiva porque el individuo se siente visto y comprendido.

A menudo, invalidamos porque las emociones negativas del otro nos generan ansiedad y queremos "apagarlas" rápidamente.

Aprender a tolerar el malestar ajeno y simplemente "estar ahí" es un acto de amor maduro que fortalece la confianza y la unidad.

La validación transforma una interacción potencialmente hiriente en una oportunidad de conexión profunda.

RESUMEN

La invalidación erosiona la autoestima y la confianza al negar o minimizar sistemáticamente los sentimientos y pensamientos del compañero, provocando que este se cierre emocionalmente para evitar el dolor del rechazo.

Este patrón tóxico, que puede manifestarse como desprecio o falsa ayuda racional, es uno de los mayores destructores de la intimidad, ya que comunica que la experiencia interna del otro es defectuosa.

El antídoto es la validación, que consiste en reconocer la legitimidad de las emociones ajenas sin necesidad de estar de acuerdo, creando un entorno seguro que fomenta la apertura y la conexión real.


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