Juicios e Hipocresía
La doble vara de medir moral
Existe una hipocresía fundamental en la psicología humana que afecta profundamente nuestras relaciones: operamos con dos sistemas de justicia diferentes, uno para nosotros y otro para los demás.
Cuando se trata de juzgar al prójimo, nos basamos casi exclusivamente en sus acciones y resultados tangibles.
Si alguien llega tarde, lo etiquetamos de "irresponsable". Si dice algo hiriente, lo clasificamos como "cruel".
No vemos su mundo interno, solo el impacto externo de su conducta. Somos jueces severos de los hechos observables.
Sin embargo, cuando nos juzgamos a nosotros mismos, cambiamos el criterio y nos basamos en nuestras intenciones.
Rara vez nos levantamos por la mañana con el plan deliberado de arruinar el día de nuestra pareja o ser desagradables.
Cuando fallamos o herimos a alguien, nuestra defensa interna inmediata es: "Pero no fue mi intención", "Yo quería hacerlo bien", "Estoy estresado".
Nos absolvemos basándonos en lo que queríamos hacer, mientras condenamos al otro por lo que hizo. Reconocer esta discrepancia es vital para desarrollar tolerancia.
Si exigimos ser juzgados por nuestra buena intención, debemos extender esa misma cortesía a nuestra pareja, asumiendo que sus errores también pueden provenir de buenas intenciones mal ejecutadas.
La trampa de la comparación vertical
El juicio también se manifiesta a través de la comparación, ubicando a las personas en una escala vertical de valor.
Por un lado, podemos mirar hacia abajo, juzgando a alguien como inferior por ser menos inteligente, menos atractivo o menos exitoso. Esto es arrogancia y crea desprecio.
Pero existe una forma de juicio igual de dañina: mirar hacia arriba. Esto ocurre cuando ponemos a alguien en un pedestal, idealizándolo como superior a nosotros.
Aunque parezca admiración, en realidad es un acto de deshumanización que genera una falsa seguridad y eventual resentimiento.
Imaginemos a un aprendiz que idolatra a un maestro artista, pensando "nunca seré tan bueno como él".
Al elevarlo a una categoría sobrehumana, el aprendiz se juzga a sí mismo como inadecuado y establece una barrera insalvable para la conexión real. Si el maestro comete un error humano, la caída del pedestal será devastadora.
Poner a la pareja por encima de uno mismo genera relaciones de dependencia y servilismo, donde uno actúa falsamente para complacer al "ser superior".
La salud relacional requiere mirar a los ojos, horizontalmente, reconociendo que nadie es fundamentalmente mejor ni peor, solo diferente en sus habilidades y etapas de camino.
RESUMEN
Practicamos una hipocresía instintiva al juzgar duramente a los demás por sus acciones visibles, mientras nos absolvemos a nosotros mismos basándonos en nuestras buenas intenciones invisibles.
La comparación vertical es una trampa relacional; tanto despreciar a alguien como inferior como idealizarlo en un pedestal impiden la conexión auténtica y generan dinámicas de arrogancia o inseguridad.
Para sanar la comunicación, debemos abandonar la jerarquía y aplicar la misma compasión hacia los errores ajenos que nos aplicamos a nosotros mismos, buscando una relación entre iguales imperfectos.
juicios e hipocresia