Apropiación de la Experiencia
La trampa de la desapropiación y el rol de víctima
La "desapropiación" de la experiencia ocurre cuando externalizamos la causa de nuestras emociones y reacciones.
Es el acto de ceder el control remoto de nuestro estado de ánimo a la conducta de nuestra pareja.
Por ejemplo, si alguien llega a casa y encuentra que su cónyuge no ha realizado una tarea doméstica acordada, la reacción de desapropiación sería: "Tú me has puesto de mal humor porque eres un desconsiderado".
En este escenario, el individuo se declara impotente, convirtiéndose en una víctima de las circunstancias.
Al desapropiarnos, nos volvemos reactivos, actuando impulsivamente desde la ira o el dolor, y utilizamos la culpa como arma principal para intentar manipular el comportamiento del otro. Este enfoque crea un ciclo tóxico.
Al sentirnos víctimas, nos ponemos a la defensiva y construimos un caso judicial mental contra nuestra pareja, acumulando pruebas de su culpabilidad para demostrar que nosotros tenemos la razón y ellos están equivocados.
El foco de atención está completamente puesto en el exterior, en lo que el otro hizo o dejó de hacer, lo que nos impide ver nuestra propia participación en la dinámica.
Vivir en la desapropiación es vivir en un estado de inconsciencia, donde creemos que nuestra felicidad es rehén de las acciones ajenas.
La maestría de adueñarse de la propia vida
Por otro lado, "apropiarse" de la experiencia significa reconocer radicalmente que somos los creadores de nuestra realidad interna.
Significa decir: "Me siento frustrado ante este desorden, y esa frustración es mía; yo decido qué hacer con ella". Al apropiarnos, pasamos de ser reactivos a proactivos.
Las emociones se convierten en información útil para tomar decisiones, no en conductores ciegos de nuestra conducta.
En lugar de culpar, buscamos soluciones y tratamos de entender la perspectiva del otro sin renunciar a nuestra propia estabilidad.
Asumir la responsabilidad nos transforma de víctimas en arquitectos de nuestro destino.
Requiere la valentía de admitir que nuestras necesidades, juicios y sentimientos nos pertenecen.
Si mi pareja olvida una fecha importante, puedo elegir sentirme devastado y no amado (desapropiación), o puedo elegir gestionar mi decepción, comunicarla con vulnerabilidad y reafirmar mi propio valor (apropiación).
La libertad emocional reside en saber que, aunque no controlamos lo que hace el otro, tenemos soberanía absoluta sobre la interpretación que damos a esos hechos y la respuesta que elegimos emitir.
RESUMEN
Desapropiarse de la experiencia implica culpar a la pareja por nuestras emociones, asumiendo un papel de víctima impotente que reacciona impulsivamente y busca tener la razón en lugar de soluciones.
Apropiarse significa reconocer que somos los únicos responsables de nuestros sentimientos y respuestas, transformando la reactividad en una gestión consciente que busca comprender la situación sin ceder el poder personal.
La verdadera libertad en la pareja surge al dejar de condicionar nuestro bienestar a las acciones del otro, asumiendo la autoría completa de nuestra experiencia interna y nuestras decisiones conductuales.
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