Amor Propio Práctico
La técnica del espejo y la validación interna
En la búsqueda de conexión, a menudo caemos en el error de externalizar nuestra fuente de validación, convirtiendo a la pareja en un espejo que debe reflejarnos cuán valiosos somos.
Cuando el otro no cumple esa función, nuestra autoestima se desploma. El antídoto es recuperar la propiedad de ese espejo.
La "técnica del espejo" es una práctica poderosa que consiste en mirarse a los ojos ;literalmente en un espejo; y verbalizar el aprecio, el amor y el reconocimiento que anhelamos recibir de fuera. No es un acto de vanidad, sino de reconexión neurológica con uno mismo.
Este ejercicio implica decirse cosas como: "Te veo, valoro tu esfuerzo, te perdono por tus errores y te amo incondicionalmente".
Al principio puede sentirse artificial o incómodo, pero con la repetición, se rompe la barrera de la autocrítica.
Estamos acostumbrados a mirarnos para buscar defectos (arrugas, manchas); cambiar la mirada para buscar el alma y agradecer la propia existencia crea una base de seguridad interna inquebrantable.
Cuando nos llenamos nosotros mismos de palabras de afirmación, llegamos a la relación desde la plenitud, no desde la mendicidad afectiva.
El estándar de trato y la erradicación de la arrogancia
Existe una distinción crucial entre el amor propio genuino y la arrogancia. La arrogancia nace de la inseguridad; es un grito de "mírame, soy mejor que tú" que busca desesperadamente confirmación externa.
El amor propio, en cambio, es silencioso y sólido; dice "sé quién soy y estoy en paz con ello".
Cuando cultivamos este amor propio, establecemos automáticamente el estándar de cómo permitimos ser tratados.
La vida y las personas son espejos que reflejan la relación que tenemos con nosotros mismos. Si nos tratamos con negligencia o dureza, toleraremos lo mismo de los demás.
Tratarse a uno mismo con la misma cortesía, generosidad y paciencia que ofreceríamos a un invitado de honor reprograma nuestras expectativas relacionales.
Esto incluye acciones tangibles: enviarse flores, regalarse tiempo de calidad, escribirse notas de aliento.
Al convertirnos en nuestro propio "buen compañero", dejamos de aceptar comportamientos mediocres de otros porque disuenan con nuestra realidad interna.
Además, al
amor propio practico