Gestión de Conflictos en Sesión
Intervención activa ante la escalada destructiva
El terapeuta de pareja no puede ser un espectador pasivo cuando la interacción en el consultorio se vuelve abusiva o descontrolada.
Permitir que la pareja se grite o se insulte recrea el trauma doméstico y daña la alianza terapéutica.
El profesional debe intervenir activamente para detener la escalada. No se trata de ser un árbitro que pita faltas, sino de un director que corta la escena.
Se puede usar el cuerpo (levantar una mano, ponerse de pie) o la voz firme para interrumpir: "Necesito que paréis ahora mismo.
Esto que está ocurriendo es exactamente lo que os hace daño y no voy a permitir que os lastiméis aquí".
Esta contención proporciona seguridad; los clientes necesitan saber que el terapeuta es lo suficientemente fuerte para manejar su caos.
Regulación emocional del terapeuta ante la hostilidad
Las parejas de alto conflicto pueden ser muy activadoras para el terapeuta. La intensidad de la ira, el desprecio o la desesperanza puede contagiar al profesional (contratransferencia), llevándolo a sentirse abrumado, enfadado o paralizado.
Mantener la propia regulación emocional es la herramienta más importante en estos momentos.
El terapeuta debe monitorear sus propias señales físicas (tensión, ritmo cardíaco) y aplicar técnicas de auto-calmado en tiempo real (respiración, anclaje).
Si el terapeuta pierde la calma o se pone a la defensiva, se pierde la seguridad del espacio.
A veces, es útil transparentar esto de forma controlada: "Siento mucha tensión en la sala ahora mismo y me está costando seguiros. Vamos a bajar el ritmo todos un momento". Esto modela la regulación emocional que se espera de la pareja.
El uso estratégico del "Tiempo Fuera" en sesión
Cuando la inundación emocional es evidente (ritmo cardíaco elevado, incapacidad de escuchar), seguir hablando es contraproducente.
En estos casos, el terapeuta debe instituir un "tiempo fuera" o pausa técnica dentro de la sesión.
Se instruye a la pareja para que dejen de hablar y realicen una actividad de desactivación durante unos minutos, ya sea en la sala o saliendo brevemente.
También se puede utilizar la técnica del "aparte": separar a la pareja momentáneamente o hablar con uno mientras el otro escucha u observa sin intervenir.
Esto permite desescalar al miembro más activado y explorar qué disparó su reacción, para luego reintegrarlo a la conversación conjunta desde un estado más reflexivo.
Estas pausas rompen la inercia de
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