El Ciclo de Respuesta Sexual: Deseo
La fase del deseo como componente psicológico primordial
El ciclo de respuesta sexual humana comienza con una fase que es distintivamente diferente de las subsiguientes debido a su naturaleza predominantemente mental y no fisiológica: el deseo.
A diferencia de la excitación, que conlleva cambios corporales visibles, el deseo se define como el interés o apetito que un individuo manifiesta hacia la actividad sexual.
Es el motor de arranque psíquico, constituido por la voluntad de buscar o ser receptivo a la experiencia erótica. Esta fase se nutre de la actividad cognitiva interna.
Incluye la planificación de encuentros, la evocación de recuerdos placenteros y, fundamentalmente, las fantasías sexuales.
Estas elaboraciones mentales, donde se imaginan escenarios, prácticas o parejas, actúan como catalizadores que predisponen al cuerpo para las fases físicas posteriores.
Aunque es un proceso mental, tiene correlatos neuroquímicos, implicando la activación de sistemas hormonales como la testosterona, tanto en hombres como en mujeres, que preparan el terreno biológico para la respuesta sexual.
El papel de las fantasías y la estimulación cognitiva
Las fantasías eróticas son el componente operativo central de la fase de deseo. Clínicamente, es vital indagar sobre la vida imaginaria del paciente, ya que la riqueza o pobreza de estas fantasías suele correlacionarse con los niveles de libido.
Muchos pacientes relatan que el proceso de excitación comienza mucho antes del contacto físico, a través de la anticipación mental de lo que les gustaría hacer o sentir.
Estos "juegos mentales" son saludables y necesarios para mantener el interés. Sin embargo, el deseo no es estático; fluctúa y es vulnerable.
Al ser un constructo psicológico, se ve fuertemente influenciado por el estado emocional y el contexto relacional.
La calidad de la conexión con la pareja, el nivel de intimidad y la comunicación afectiva son combustibles para estas fantasías.
Si la mente está ocupada con resentimientos o desconexión, el mecanismo del deseo se apaga, independientemente de la capacidad física de la persona.
Inhibidores del deseo y factores de bloqueo
Dado que el deseo reside en la mente, es susceptible a ser inhibido por factores estresantes externos e internos.
Elementos como la ansiedad laboral, los conflictos familiares no resueltos, la depresión o el uso de ciertos medicamentos (como antidepresivos o antihipertensivos) pueden suprimir la libido.
Además, creencias restrictivas o una educación sexual represiva pueden actuar como frenos psicológicos. Un inhibidor frecuente es la "ansiedad de desempeño" anticipatoria.
Si una persona comienza a preocuparse por si logrará una erección o si alcanzará el orgasmo antes incluso de iniciar el encuentro, este pensamiento intrusivo puede desmantelar el deseo inicial.
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