La función real de la consciencia
Capacidad limitada de procesamiento activo
Para comprender nuestra falta de control total, es útil visualizar nuestra consciencia como el director ejecutivo de una gigantesca corporación con miles de empleados trabajando simultáneamente. Este núcleo central es lo que identificamos como nuestra identidad o nuestro "yo".
Sin embargo, esta figura ejecutiva ignora la inmensa mayoría de los procesos subyacentes que mantienen operativa a la corporación, ya que ocurren sin que nos demos cuenta.
Consideremos una actividad rutinaria como escribir rápidamente en un teclado de computadora.
Si reflexionamos sobre ello, raramente prestamos atención consciente a la ubicación exacta de cada tecla o al movimiento coordinado de nuestros dedos.
Simplemente formulamos el pensamiento que deseamos plasmar y nuestras manos ejecutan la tarea casi mágicamente.
Si tuviéramos que dirigir conscientemente cada impulso nervioso hacia nuestros tendones, eva luar la presión sobre cada tecla y coordinar la secuencia ortográfica letra por letra, la tarea resultaría abrumadora.
Afortunadamente, nuestro cerebro se encarga silenciosamente de toda esta complejidad operativa sin demandar atención explícita.
Delegación de tareas complejas al subconsciente
La asombrosa capacidad del cerebro para gestionar tareas expertas sin supervisión consciente quedó evidenciada en un estudio donde se les pidió a personas experimentadas que dieran instrucciones verbales detalladas sobre cómo estacionar un vehículo a un conductor novato.
A pesar de ser conductores hábiles, la gran mayoría provocó colisiones virtuales al intentar dictar el proceso paso a paso.
Esto ocurre porque, una vez que interiorizamos una habilidad compleja, perdemos la consciencia de las micro-decisiones implicadas, como la presión exacta requerida en el freno o el ángulo específico del volante.
Si dependiéramos exclusivamente del procesamiento consciente, nuestra ejecución sería torpe e ineficaz.
Esta dinámica ilustra que poseemos múltiples sistemas cognitivos operando en paralelo.
Es similar al funcionamiento de ciertas inteligencias artificiales avanzadas, como las utilizadas en juegos estratégicos o videojuegos, donde diferentes algoritmos analizan el entorno, calculan probabilidades y sugieren acciones de manera independiente.
Finalmente, un módulo central debe seleccionar la mejor ruta basándose en pistas difusas enviadas por estos subsistemas.
Resumen
La consciencia actúa como un supervisor general que ignora los detalles operativos. La inmensa mayoría de nuestras acciones diarias ocurren fuera del escrutinio mental directo.
Tareas complejas y rutinarias son delegadas al subconsciente para ahorrar energía. Si intentáramos controlar cada movimiento físico o mental, quedaríamos completamente paralizados por el esfuerzo.
Nuestro cerebro procesa información mediante sistemas independientes que envían señales difusas. La mente consciente solo toma decisiones finales basándose en intuiciones generadas en niveles profundos.
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