Selección del tema
Hablar solo de lo que se domina y apasiona
La autoconfianza en el escenario no surge de la nada; nace de la certeza absoluta sobre el contenido que se va a exponer.
Un error fundamental en la oratoria es intentar abordar temáticas que se conocen superficialmente o que se han adquirido mediante una lectura reciente y somera.
Leer un libro o ver un documental sobre un asunto no otorga la autoridad necesaria para disertar sobre él.
La regla de oro para la selección del tema es elegir aquel terreno donde el orador tenga vivencias reales y profundas.
Si un profesional de la tecnología intenta dar una charla sobre botánica basándose en un artículo que leyó la semana anterior, su inseguridad se filtrará a través de su lenguaje no verbal y su voz.
En cambio, si ese mismo profesional habla sobre los desafíos de implementar un software complejo, su experiencia vital respaldará cada palabra.
No es necesario ser el mayor experto mundial, pero sí tener un conocimiento empírico y honesto.
Cuando se habla desde la propia experiencia ("yo viví esto", "yo solucioné aquello"), el miedo a las preguntas difíciles desaparece porque no hay teoría que memorizar, solo realidad que contar.
La pasión por el tema actúa como un motor que energiza la presentación y facilita la conexión con la audiencia.
Definición del propósito central (En una frase)
Una vez seleccionado el campo de conocimiento, es imprescindible destilar el mensaje hasta su esencia más pura.
Muchos discursos fracasan por falta de foco: el orador divaga entre múltiples ideas sin un hilo conductor claro. Para evitar esto, se debe definir el propósito de la charla en una sola frase concisa.
Esta sentencia debe responder a la pregunta: "¿Para qué debe escucharme esta audiencia?" o "¿Qué valor específico se llevarán?".
Por ejemplo, si el objetivo es impartir un taller sobre gestión del tiempo, el propósito no debería ser simplemente "hablar de la productividad".
Una definición más efectiva y afilada sería: "Enseñar a los asistentes a priorizar tareas para reducir su estrés laboral diario".
Si el orador no es capaz de redactar este objetivo en una línea simple, significa que la idea aún está confusa y requiere mayor maduración.
Esta frase guía actúa como una brújula durante toda la fase de creación; cualquier dato, anécdota o estadística que no contribuya directamente a cumplir esa promesa única debe ser eliminado para mantener la claridad y la contundencia del mensaje.
Resumen
La confianza nace de dominar el contenido profundamente. Elegir temas basados en vivencias reales garantiza autoridad moral, eliminando la inseguridad que proyecta un conocimiento superficial.
No requiere ser el mayor experto mundial, sino poseer experiencia empírica. Hablar desde lo vivido facilita responder preguntas difíciles pues no existe teoría para memorizar.
La pasión por el tema actúa como motor energético fundamental. Esta conexión honesta facilita el vínculo con la audiencia, transformando el miedo en entusiasmo comunicativo.
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